Cuanto más cuidamos la tierra, mejor vino conseguimos

Habitamos un planeta maravilloso, con una característica fundamental que lo hace insólito en el universo conocido: su sistema climático. La atmósfera  hace posible la vida en la Tierra, por eso proteger el clima es una de las mejores maneras de conservar la naturaleza y su fascinante biodiversidad.

 

La radiación solar, los océanos, la actividad volcánica o la superficie de los hielos son algunos de los elementos que interactúan de manera natural con la atmósfera terrestre e influyen en el clima de la Tierra, que ha cambiado muchas veces a lo largo de la historia.

 

Con el avance de la industrialización, a partir del siglo XIX surge un fenómeno ajeno al sistema climático capaz de alterar la atmósfera y cambiar el clima: el aumento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) asociadas a la quema de combustibles fósiles, como el petróleo, el gas natural y el carbón.

Qué es el cambio climático y cómo nos afecta

El CO2 es un gas presente en la atmósfera que posee una alta capacidad para absorber el calor y favorecer el beneficioso efecto invernadero que mantiene las condiciones para la vida en la Tierra.

 

Sin embargo, el aumento de las concentraciones de CO2 por la actividad humana está acentuando el efecto invernadero, provocando el actual calentamiento global y alterando el sistema climático en su conjunto.

 

Como consecuencia, la temperatura media del planeta ha aumentado en casi un grado centígrado desde inicios del siglo XIX, provocando un incremento de la frecuencia y la virulencia los fenómenos naturales extremos: sequías, huracanes, incendios o inundaciones, entre otros.

 

Por todo ello, los científicos han determinado que el actual cambio climático es el primero en la historia del planeta que no obedece a causas naturales, sino que tiene un origen humano, y apelan a reducir las emisiones de CO2 para contener el aumento de la temperatura por debajo de 2oC respecto a la era preindustrial, pues si superásemos ese límite las consecuencias podrían ser muy severas.

 

La viticultura es una tradición milenaria que ahora se enfrenta a un nuevo reto: el de la adaptación a un cambio climático originado por el ser humano.

 

El clima tiene el rol más determinante y, a su vez, más difícil de controlar en la elaboración de un vino. Y el viñedo, tan vinculado al ritmo de las estaciones y la evolución de las temperaturas, se está viendo muy afectado por el cambio climático ya que la vid es una de las plantas más sensibles a estas variaciones.