EL VIAJE INTERIOR DEL VINO

Poética de una cata

Durante su viaje, el vino nos cuenta una historia, nos describe su origen, nos apunta detalles de su elaboración, de su evolución; nos regala su alma varietal, para desde nuestros sentidos [re]interpretarlo, descifrarlo, entenderlo, disfrutar de él y albergarlo en nuestro archivo sensorial para siempre.

Atardecer en la Bodega Waltraud (Pacs del Penedès)

 

 

Esta relación es la que distingue al vino de otros alimentos. Una comprensión mutua originada en el aprendizaje y la experiencia. Una relación, al fin y al cabo, que subraya el carácter cultural y humano del hecho vitivinícola, y que culmina su ciclo tras una comunicación muy especial, atávica, que requiere de nuestros sentidos para tornarla en experiencia. Porque el vino nos habla:



 

“De la bodega a la sala. De la horizontalidad a la verticalidad. Del letargo al descorche, haciendo de la mesa trono y reino. Así da inicio mi viaje.

 

 

 

Y me hago visible tras el cristal fino. Me ves. Capa, ribete y límpida profundidad rubí delatan mi edad. Noto tu mirada en mí, asertiva y curiosa; cuando brota una lágrima henchida de vida que recorre la curva de tu copa, anticipo del encuentro deseado.


 

Quieres más y rotas mi continente entero, mi mundo, para luego llevarlo a tu nariz, donde implosiono en un abanico olfativo que tratas de ordenar mentalmente, en busca de analogías referenciadas en el archivo; tu memoria sensorial. Un viaje de introspección momentánea que abre y cierra puertas de vivencias que creías olvidadas.

 

 

Apelo a tu deseo y te hablo de mi esencia varietal, fruta viva que lleva mi nombre. De mi origen y cuna, del roble especiado y, si prestas atención, del propio terruño parcelado en el que un día fui baya y vid. Donde me lo diste todo, de modo que, de igual a igual, correspondo en consecuencia: Te lo doy todo.



 

El borde de la copa llama a tus labios. Me adentro, despliego y acaricio los rincones de la santidad de tu boca. Un sendero que transita por tu lengua, donde mi complejidad organoléptica se deconstruye en partes de un todo: en la punta, calidez y dulzura; en los laterales, mi tersa acidez. Es entonces cuando tu paladar reconstruye mi esencia y la torna en sabor, completo y perfecto. Tangible. Perdurable.


 

Y atracar en el puerto, que es tu memoria, para anclar mi huella en tu experiencia. Me recordarás y me sabré recordado; pasando a formar parte de la bodega de momentums de tu vida.”  Palabra de vino.

 

Ver comentarios

Para dejar comentarios debes estar registrado e iniciar sesión

Inicia sesión o registrate