Reconectar con la naturaleza, un buen propósito

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Por Jose Luis Gallego. Divulgador ambiental (@ecogallego)

Como cada principio de año, las renovadas ilusiones nos empujan a proponernos nuevos objetivos y asumir otra vez aquellos viejos retos que se nos siguen resistiendo. Unos propósitos entre los que abundan los relacionados con el cuidado de la salud, la mejora del bienestar emocional y un mayor disfrute del tiempo libre. Todos ellos relacionados entre sí y estrechamente vinculados con otro no menos frecuente: el de reconectar con la naturaleza.

El alejamiento de la naturaleza está detrás de buena parte de los males que nos aquejan, como individuos y como sociedad. Cada vez existen menos dudas al respecto. Como cada vez son más las certezas de la medicina respecto al carácter sanador de volver a relacionarnos íntimamente con ella: salir a pasear por el campo, la playa o el bosque sin otro afán que el de sosegar el ánimo y sentirnos parte de la naturaleza. 

Las bondades de esta sana experiencia son tan evidentes que en algunos países los médicos llevan años recetándola para promover la mejora del sistema inmunológico de sus pacientes. Salir a pasear por la naturaleza atenúa algunos de los trastornos de la salud más comunes en nuestros días, como el estrés: la gran epidemia del siglo XXI según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Además de los informes elaborados por la propia OMS y los numerosos artículos publicados en las revistas científicas, en los últimos años se han publicado numerosos libros que demuestran el carácter terapéutico de los paseos por el campo y hasta qué punto nos sentimos mejor cuando estamos rodeados de naturaleza. Uno de ellos es ‘El poder del bosque’, del Dr. Qing Li, reconocido inmunólogo y director de la Sociedad Japonesa de Medicina Forestal.

En sus páginas se detallan los beneficios para nuestro organismo de los denominados ‘baños de bosque’: shinrin-yoku en japonés. Después de doctorarse en medicina en su país, este experto se fue a la universidad de Stanford, en California, para especializarse en medicina del medio ambiente y profundizar en la manera de aplicarla.    

De vuelta a Japón, este pionero de la terapia forestal recibió el encargo del gobierno de dar forma a esa disciplina para incorporarla a su sistema sanitario. Desde entonces se ha ido integrando como tratamiento de refuerzo para fortalecer el sistema inmunológico, atenuar los niveles de estrés y mejorar el estado de ánimo de los pacientes.

Paseos en la naturaleza
Paseos en la naturaleza

Actualmente la terapia del shinrin-yoku está totalmente consolidada y forma parte del Programa de Salud Nacional de este país asiático, donde existen más de un centenar de bosques catalogados como terapéuticos que los médicos ‘recetan’ a los enfermos para mitigar este tipo de dolencias. Pero no solo allí. 

El método curativo de los baños de bosque se está extendiendo por todo el mundo e incluso ha llegado a nuestro país, donde ya se están empezando a recetar para aprovechar sus demostrados beneficios en el tratamiento de diversas enfermedades. Y existe una base científica que lo corrobora.

Los investigadores han comprobado que la atmosfera interior de los bosques está cargada de unas sustancias químicas de origen natural que segregan los árboles para protegerse de las plagas. Unos compuestos volátiles llamados fitoncidios o fitoncidas que también tienen propiedades sanadoras para nuestro organismo. 

Bajando una montaña
Bajando una montaña

De ese modo, además de la sensación de placer y confort emocional que produce pasear por el campo y reconectar con la naturaleza, tenemos la constancia científica de que esta cómoda actividad, gratuita y al alcance de todos, contribuye de manera activa a disminuir la presencia en nuestro organismo de la hormona del estrés, vinculada con buena parte de las dolencias que padecemos hoy en día.  

En esa misma línea de investigación, la de las virtudes de reconectar con la naturaleza para serenar el ánimo y sanar el cuerpo y la mente, profundiza el libro “Los últimos niños en el bosque”, escrito por el divulgador ambiental y periodista norteamericano Richard Louv. En sus páginas, el autor demuestra como buena parte de las enfermedades y los trastornos que sufren hoy en día los niños que habitan en las grandes ciudades están relacionados con su desconexión absoluta con el medio natural, y alerta sobre el riesgo de criar a nuestros hijos al margen de la naturaleza. 

Para Louv “la desconexión de la naturaleza no solo nos aleja del planeta, sino que nos enferma, y solo retomando el contacto con el medio natural lograremos recuperar la salud y el goce de sentirnos plenamente humanos”. Por eso hace extensiva también a los adultos su propuesta de recuperar el contacto con la naturaleza para sanar el cuerpo y la mente. 

Una invitación que, aceptada y convertida en propósito personal, puede contribuir a mejorar las relaciones de nuestra sociedad con la naturaleza. Unas relaciones que, para que sean sanas, deben estar basadas en el respeto a sus límites, la consideración a los servicios que nos presta y el afán por conservarla.