La rapaz de campo abierto

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Por Jose Luis Gallego. Divulgador ambiental (@ecogallego)

Con la primavera avanzada, mientras los procesos biológicos aceleran el ritmo en los campos de cultivo y empiezan a sucederse las cosechas, nacen los pollos de una de las rapaces más bellas de la fauna ibérica: el aguilucho cenizo. Y lo hacen precisamente en mitad de los campos de cereal, especialmente los de cebada y trigo, donde esta especie suele instalar sus nidos y ahora se disponen a adentrarse las cosechadoras.

Migrador transahariano, el aguilucho cenizo llega a la península a mediados de marzo. Los vuelos nupciales se suceden durante todo el mes de abril, y las puestas tienen lugar entre abril y junio. Cuando acabe el período reproductor, entrado agosto y hasta mediados de octubre, los aguiluchos abandonarán nuestro territorio para volver a sus cuarteles de invierno en África occidental.

Es el aguilucho más pequeño de la familia. Con una silueta larguirucha, ligera y algo desgarbada, nuestro protagonista tiene la cabeza sorprendentemente pequeña y el cuello grueso y estirado, lo que le confiere un sorprendente aspecto.  

Ejemplar de aguilucho cenizo sobrevolando el campo
Ejemplar de aguilucho cenizo sobrevolando el campo

El plumaje es lo más llamativo de esta especie. El macho es de un bellísimo color gris ceniza (de ahí el nombre), con la punta de las alas negras y el pecho blanco, delicadamente listado de marrón. La hembra es mucho menos vistosa: de tonos marrones moteados de crema, al igual que el joven, que es de un tono pardo rojizo bastante uniforme. 

En su pequeña cabeza destaca el pico corto y ganchudo y los ojos amarillos, muy vivos. Como el resto de aguiluchos tiene un vuelo muy ligero, de baja altura, como si fuera una cometa que meciera el viento sobre las espigas, con las alas muy largas y estrechas, al igual que la cola. Mide alrededor de cuarenta centímetros y ronda el metro de envergadura.

Gracias a esas características el aguilucho cenizo esta especialmente dotado para la caza en el suelo y a baja altura. Su diseño alar le permite revolotear sobre los campos llegando a rozar la punta de las espigas con las garras, alternando los planeos cortos con los aleteos vigorosos, sin dejar de fijar su mirada en el suelo para intentar localizar a sus presas. 

Aguilucho cenizo
Aguilucho cenizo

Sus patas, delgadas y con unas garras alargados y acabadas en finas uñas, están especialmente diseñadas para la captura de topillos y ratones de campo, que constituyen la base de su dieta junto a saltamontes y langostas. Por eso resultan tan beneficiosos para el agricultor en el control de plagas. También captura pájaros de estepa (alondras, escribanos y trigueros, entre otros) y todo tipo de reptiles: desde pequeñas lagartijas hasta culebras.

El aguilucho cenizo circunscribe su área de distribución a un hábitat muy concreto: los campos de cereal. En las zonas de su área de distribución carentes de estos terrenos se adapta a barbechos y herbazales de todo tipo, desde praderas alpinas hasta marismas. En España abarca todo el territorio peninsular, aunque de manera muy desigual. La mitad de la población se concentra en Castilla y León, resultando escaso en todo el Cantábrico y las comunidades del sureste. Falta en ambos archipiélagos.

Por general solitario y difícil de observar, el cenizo es una rapaz esquiva, de hábitos recatados y poco sociales. Hasta que llega la época de celo. En ese momento, a comienzos de abril, la parada nupcial del aguilucho cenizo se convierte en una de las más espectaculares entre las aves de presa. Consiste en un variado número de vuelo acrobático en el que se suceden los espectaculares picados con los tirabuzones, a menudo en pareja, entrechocando las garras y con uno de los miembros de la pareja en vuelo invertido. Un espectáculo digno de ser visto.

Aguilucho cenizo
Aguilucho cenizo volando sobre los campos

El principal problema de conservación para esta bella y delicada especie es su particular hábito de instalar el nido en el suelo, sin construcción alguna, dejando los huevos escondidos entre las espigas del trigal, sin ningún tipo de barrera protectora. Debido a ello los pollos se muestran especialmente vulnerables al ataque de un amplio número de enemigos: desde culebras hasta garduñas, comadrejas y zorros. Pero no solo eso. 

El uso de pesticidas y, lo que es aún peor, de veneno en el campo constituye una gran amenaza para todas las especies que viven en el medio agrícola, incluido el aguilucho cenizo. Pero en su caso otro de los peores enemigos son las gigantescas cosechadoras que empiezan a segar industrialmente los campos, a finales de mayo y principios de junio, con los pollos del aguilucho en el suelo del trigal y sin capacidad de alzar el vuelo para evitar sus temibles cuchillas. 

Ante esta amenaza directa algunas organizaciones conservacionistas como SEO/BirdLife, que centra su labor en la protección de las aves y sus hábitats, llevan a cabo durante estas fechas intensas campañas de seguimiento y control de las poblaciones de aguilucho cenizo consistentes en la localización y señalización de nidos en los campos de cereal para que puedan ser vistos por los conductores de las cosechadoras.

De esa manera, y gracias a la colaboración de los agricultores, cada año se logran salvar centenares de pollos de esta escasa y amenazada rapaz, incluida en el Catálogo Español de Especies Amenazadas y en el Libro Rojo de las Aves de España. Los últimos censos dan una población de menos de cinco mil parejas en toda España, con una caída del 30% en los últimos diez años.