El viñedo, un aliado contra el fuego
Por Jose Luis Gallego. Divulgador ambiental (@ecogallego)
Los científicos que analizan la evolución de la crisis climática advierten que la intensificación de las olas de calor, cada vez más extremas y persistentes, y de los períodos de sequía, cada vez más severos y recurrentes, se ha convertido en una de las mayores amenazas para los bosques del planeta.
Una amenaza que cobra especial grado en la región mediterránea, donde como estamos comprobando, los modelos climáticos avanzan hacia los escenarios más inquietantes y menos favorables. Unos escenarios en los que los ecosistemas forestales se van a ver expuestos a situaciones de alta vulnerabilidad frente a la amenaza de los incendios y el avance de las plagas.
En el sur de Europa los incendios forestales están aumentando su índice de peligrosidad y su capacidad destructiva. Las llamas avanzan por unos bosques cada vez más resecos y enfermos, en los que ha desaparecido la gestión forestal y donde no deja de acumularse combustible vegetal.
Debido a ello, y como lamentablemente estamos comprobando este verano, los incendios son cada vez más virulentos y difíciles de extinguir, elevando el nivel de riesgo para la población y multiplicando el número de hectáreas afectadas por las llamas.
Pero más allá de los efectos del cambio climático, desde las organizaciones conservacionistas también señalan como principales causas de los grandes incendios el abandono rural, la ausencia de una gestión forestal sostenible y el retroceso que viene mostrando la agricultura y ganadería tradicionales.
Cuando las labores tradicionales del campo desaparecen, también lo hacen los paisajes en mosaico: unos espacios agroforestales que esponjan el territorio y que, además de albergar una rica biodiversidad, actúan como barreras naturales contra el avance de las llamas.
Debido a ello, los expertos en prevención de incendios no dejan de reclamar la recuperación y el impulso de los mosaicos agroforestales, unos terrenos abiertos entre las grandes masas de matorral y arbolado que se extienden por el campo abandonado.
Para ello es necesario apoyar la ganadería extensiva y los cultivos tradicionales, como el viñedo. Un cultivo que más allá de su alto valor productivo actúa como cortafuego natural, frenando el avance de los incendios y favoreciendo las tareas de extinción de los medios terrestres.
Viñedo en el Penedès
Los resultados de un reciente estudio, publicados en la revista Science y en el que han participado investigadores del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), advierten que, si seguimos sin hacer una reducción significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero que están provocando el cambio climático, cerca del 90% de los bosques de la región mediterránea podrían verse afectados por el avance de los grandes incendios y las plagas forestales.
El doctor en biología Josep María Espelta, investigador del CREAF y uno de los autores del estudio, no duda en advertir que uno de los principales motivos de la situación de alta vulnerabilidad que viven nuestros bosques es el abandono de la agricultura y la ganadería tradicionales. "Ya no existe un paisaje en mosaico que dificulte la propagación de los incendios", anota este reputado científico al respecto, “por lo que las llamas encuentran cada vez menos obstáculos a su paso”.
Favorecer la ganadería extensiva y los cultivos tradicionales, como el de la viña, contribuirían a mitigar los daños causados por los incendios. Por eso tanto las organizaciones agrarias como los grupos conservacionistas insisten en la necesidad de poner en valor los servicios que prestan los agricultores y los pastores con su labor, y solicitan que desde las administraciones se promuevan las ayudas a los oficios tradicionales del campo y la ganadería extensiva.
De ese modo, además de favorecer la economía local y contribuir al reto demográfico, se lograría detener el avance descontrolado de las masas forestales, recuperando esos paisajes en mosaico que dan forma a la tradicional campiña agraria. Un ecosistema altamente productivo y vertebrador del territorio que, además de acoger una rica biodiversidad y fijar población rural, es uno de nuestros mejores aliados contra el fuego.