El olor a tierra mojada: el aroma secreto del otoño

olor tierra

Por Jose Luis Gallego. Divulgador ambiental (@ecogallego)

Los paseos otoñales por el entorno de las viñas, especialmente tras la lluvia, son un bálsamo para los sentidos. Al espectáculo visual de las cepas, que van transitando del amarillo al rojo tostado antes de desvanecer para tapizar el suelo, se une el de los aromas del campo. Y entre todos ellos destaca, por su poder de sugestión, un perfume inconfundible: el olor de la tierra mojada.

Se trata de esa fragancia indescriptible, compuesta por un sinfín de notas olfativas, que constituye una de las experiencias sensoriales más sugerentes y evocadoras de la naturaleza otoñal. Pero ¿por qué nos persuade de tal manera? ¿Por qué nos invita a transitar inmediatamente por la ruta de la memoria?

Tierra mojada
Tierra mojada

Más allá de hallarla en el ámbito espiritual y sentimental, la respuesta científica a esta intensa emoción está en el funcionamiento de nuestro olfato: el más sensible de todos nuestros sentidos, miles de veces más perceptivo que la vista, el tacto o el oído. 

Los olores pasan de la nariz al bulbo olfatorio, incorporándose directamente al sistema límbico de nuestro cerebro, sin tener que recurrir a ningún otro mensajero en forma de neurotransmisor. Por eso acaban archivándose en lo más profundo de nuestra memoria. 

Y ése archivo recóndito, ese registro ancestral, es el lugar donde permanece almacenado el recuerdo del olor a tierra mojada, cuyo origen también tiene una respuesta científica.

Hace sesenta años, en su afán por conocer el origen, describir y poner nombre a todos los fenómenos que nos rodean, los investigadores identificaron esa fragancia con el nombre de petricor. Y descubrieron que en buena parte lo generan algunas de las bacterias que habitan en el suelo, como la Streptomices coelicolor. 

Este micoorganismo actúa como regulador de los procesos biológicos que mantienen el equilibrio de los ecosistemas, por lo que su presencia resulta muy beneficiosa para el correcto funcionamiento y desarrollo tanto de los hábitats silvestres como de los cultivos.

Agua de lluvia en el suelo. 
Agua de lluvia en el suelo. 

Y ocurre que cuando las gotas de lluvia golpean la tierra este tipo de bacterias, estos seres vivos que permanecen ocultos en el primer palmo de suelo formando parte de la fauna edáfica, liberan una sustancia química conocida como geosmina. Y esa sustancia, cuyo significado es exactamente ‘el aroma de la tierra’, es la principal nota olfativa del petricor, es decir del olor a tierra mojada. 

Pero por qué el aroma del petricor despierta en nosotros esa respuesta emocional tan agradable. Por qué nos sentimos tan reconfortados cuando lo percibimos en nuestros paseos por el campo tras la lluvia o al transitar junto a un parterre o un campo de cultivo recién regado. Para eso también tenemos respuesta científica.

Los estudios de nuestro mapa genético han descubierto que esa agradable reacción sensorial, esa respuesta automática de nuestro organismo, obedece a un registro atávico directamente vinculado con la naturaleza.

Un recuerdo anclado en nuestros genes desde el neolítico: cuando nuestros ancestros, aquellos pioneros que empezaron a pastorear rebaños y cultivar la tierra, asociaban el olor del petricor, ese inconfundible aroma a tierra mojada, con la llegada del otoño y de las ansiadas lluvias. Con el fin del estiaje y el retorno de la fertilidad a los campos.