El azor, vigilante de las viñas 

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Por Jose Luis Gallego. Divulgador ambiental (@ecogallego) 

El viñedo, cuando se abre en la espesura del bosque, se convierte en un perfecto cazadero para una de las aves de presa más espectaculares de la fauna ibérica: el azor. La belleza y la perfección de las técnicas de caza de esta rapaz forestal le permiten perseguir y atrapar a todo tipo de presas en la espesura de la arboleda, sorteando obstáculos a alta velocidad. Pero donde mejor se pueden apreciar sus dotes de cazador es en los espacios abiertos que forman el mosaico forestal, como los prados, los campos de labranza y, muy especialmente, los viñedos. Por eso suelen sobrevolarlos o vigilarlos desde los árboles más cercanos. 

Estos espacios agrícolas rodeados de bosque son frecuentados por las presas favoritas del azor, entre las que abundan las aves de medio tamaño medio, como palomas y tórtolas, zorzales y mirlos, perdices, arrendajos y urracas. Unas presas que se hacen mucho más visibles y localizables a la aguda mirada de este cazador alado cuando deambulan entre las cepas en busca de alimento. 

También abate mamíferos de todo tamaño: desde lirones y topillos hasta comadrejas y ardillas, y muy especialmente dos de los visitantes más asiduos de la viña: el conejo y la liebre, a los que logra dar muerte después de espectaculares lances de caza en los que recurre a su sorprendente musculatura y sus afiladas garras.  

Pese a su relativo tamaño, pues tan solo mide medio metro de longitud y poco más de un metro de envergadura (de punta a punta de ala), el azor es una de las rapaces diurnas más corpulentas. Mucho mayor que el gavilán, con quien comparte área de distribución, también muestra un acusado dimorfismo sexual que convierte al macho en una miniatura de la hembra, quien puede llegar a ser hasta dos veces y media más grande.  

En su plumaje destacan el color pizarra que luce tanto en el dorso, como en el antifaz y el capirote. Pecho blanco intensamente rayado en horizontal desde la garganta hasta las infracobertoras caudales. Pero más allá del plumaje, siempre impecablemente cuidado, si hay algo que llama la atención en esta soberbia rapaz es su mirada: verdaderamente hipnotizante, con unos ojos que van del amarillo intenso al naranja fuego.  

Ejemplar de azor posado encima de una rama
Ejemplar de azor posado encima de una rama 

En pose muestra un pico corto pero muy prominente y unas garras como decíamos muy potentes, con aceradas uñas que cortan como estiletes. En vuelo destacan las alas anchas y bastante cortas, y la cola, muy larga, que suele abrir en abanico cuando sobrevuela espacios abiertos para localizar a sus presas.  

Exclusivamente forestal, no muestra especial querencia por uno u otro tipo de bosque, resultando una especie relativamente habitual en todo tipo de masas boscosas: bosques de galería, hayedos y robledales, encinares, dehesas o pinares; desde la franja litoral hasta la alta montaña. Tampoco falta en las arboledas del entorno de los pueblos y las que rodean los terrenos agrícolas. Ausente en los dos archipiélagos, resulta especialmente abundante en Galicia y Castilla y León. 

Se trata de una especie sedentaria. El período de celo empieza en febrero con una parada nupcial en la que no faltan los vuelos acrobáticos sobre los claros de bosque. Normalmente silencioso y discreto, durante la época de cría suele emitir estridentes reclamos tanto para marcar territorio como para atraer a la pareja.  

Un azor posado en un árbol 
Un azor posado en un árbol 

El nido del azor es muy grande, ubicado por norma general en la parte más alta de los árboles de copa ancha. A menudo suele ocupar viejos nidos de otras aves, casi siempre de córvidos. Pone entre dos y tres huevos que incuba la hembra, quien es alimentada por el macho mientras dura la incubación, que se puede prolongar de cuatro a ocho semanas. Los pollos empiezan a revolotear por los alrededores del nido a partir del mes de edad. A los dos meses lo abandonan.         

Como todas las rapaces ibéricas, el azor es una especie protegida, incluida la Lista Roja de las Aves de España y en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. Sin embargo, no aparece en el Catálogo Español de Especies Amenazadas. Entre las principales causas de mortandad destacan el uso ilegal de veneno en el campo, la caza furtiva y la electrocución por el impacto contra las líneas de alta tensión. En los últimos años se está viendo especialmente afectado por los grandes incendios forestales.