El águila culebrera y la viña

Águila culebrera

Por Jose Luis Gallego. Divulgador ambiental (@ecogallego)

Quien ha tenido ocasión de observar el episodio de caza del águila en vivo y en directo, retiene en la memoria ese episodio de la vida salvaje: sin lugar a duda uno de los más excitantes a los que puede asistir cualquier amante de la naturaleza. 

Recuerdo nítidamente la única vez que asistí a ese famoso lance, que tantas veces había visto en los documentales. Y lo cierto es que la realidad superó con mucho las expectativas. Fue en una mañana limpia de finales de primavera, en mitad de una viña situada a las afueras del pueblo familiar, perteneciente a la comarca de Utiel-Requena, en el interior de Valencia. 

Ejemplar de águila culebrera
Ejemplar de águila culebrera

Siempre con mis prismáticos al cuello, al poco de llegar alcé la mirada al cielo desde el camino de acceso a la viña y divisé la inconfundible silueta de un águila culebrera colgada del aire: como una cometa, cerniéndose con un intenso vibrar de las alas, al igual que hace el cernícalo. 

Al observarla con más detalle a través de los prismáticos pude ver como mantenía la mirada fijada en el suelo. Al instante empezó a descender poco a poco, como a escalones. En ese momento entendí lo que estaba pasando: había divisado una presa y se disponía a capturarla. Y así fue. 

La rapaz se lanzó en picado ante mis ojos para desaparecer entre las cepas, con tal suerte para mí que la escena siguió en uno de los callejones entre vides, a plena vista. Lo que siguió a continuación pasó a convertirse en una de las crónicas estelares de mis cuadernos de campo. 

Revueltos en un amasijo de plumas y escamas, la rapaz y su presa, una culebra de escalera que calculé rondaría los dos metros de longitud, empezaron a librar una de las batallas más singulares de cuantas se dan en el monte mediterráneo.

El ofidio se enroscaba a cuanto podía: tarsos, alas, cola. Pero la rapaz no cejaba en su empeño de cobrarse aquella fabulosa presa. Sin dejar de aprensarla con sus potentes y musculadas garras empezó a centrar sus picotazos, certeros y desgarradores, en la parte más próxima a la cabeza del ofidio. 

Águila culebrera
Águila culebrera

Pasado apenas un minuto, sabedora de su destino fatal, la culebra empezó a ceder fuerza poco a poco, hasta descolgarse del cuerpo de su rival como un pañuelo de seda. Sabiéndose victoriosa, el águila empezó a ingerir a su presa por la cabeza. Cuando la introdujo en su garganta empezó la lenta y metódica tarea de engullirla. Sin embargo, no esperó a hacerlo por completo para alzar el vuelo.

Con buena parte de la cola de la serpiente colgando del pico, la magnífica rapaz desapareció de mi vista por los aires, dirigiéndose más allá de los barrancos que rodeaban las viñas. Posiblemente tuviera prisa en volar hasta su nido, situado en la copa de un árbol, para alimentar a su único pollo, pues la culebrera solo pone un huevo. 

Esta especie no se encuentra especialmente amenazada, pero el uso de veneno en el campo, la caza ilegal y el impacto contra las líneas de alta tensión de la red eléctrica que atraviesan su territorio de campeo están mermando la presencia de esta beneficiosa esta rapaz. 

Y digo beneficiosa porque con su especialización las águilas culebreras actúan como auténticos agentes biológicos para el control de las poblaciones de ofidios, convirtiéndose en unas fieles aliadas del agricultor y el ganadero a la hora de mantener el equilibrio de los reptiles en el campo: su único alimento.
Por lo demás, con casi dos metros de envergadura, la culebrera es una de las águilas más impresionantes de la fauna ibérica. Bellísima, tiene el plumaje del dorso y la cabeza de color pardo ceniciento y el del pecho y el vientre de color blanco. Lo que más destaca al verla posada es su cabeza: sobredimensionada, con las plumas a menudo erizadas y en la que resaltan sus ojos, de un intenso color amarillo.

Observada en vuelo desde abajo también es inconfundible. De color blanco, muestra unas líneas de puntos que van de punta a punta de ala, en horizontal, mientras que la cabeza y el babero son de color marrón oscuro.

Se trata de una especie migratoria que llega a nuestros territorios a finales de marzo y los abandona antes de que acabe el verano, cumplida la reproducción, para regresar a sus cuarteles de invierno en el África tropical. Aunque es una rapaz forestal, prefiere los paisajes en mosaico, con dehesas, praderas y campos de cultivo como las viñas: ideales para localizar y capturar a sus presas. 

Como todas las aves rapaces de la fauna ibérica, el águila culebrera es una especie estrictamente protegida por la ley que debemos respetar y proteger.