Proteger el mundo rural para conservar la naturaleza

Por: Jose Luis Gallego, divulgador ambiental @ecogallego

Todos los que amamos la naturaleza y disfrutamos observándola sabemos el destacado papel que juega el mundo rural en su custodia y conservación, y valoramos la rica biodiversidad que acogen los campos que rodean nuestros pueblos.

 

 

 San Vicente de Munilla, La Rioja. © Greenpeace / Pedro Armestre

San Vicente de Munilla, La Rioja. © Greenpeace / Pedro Armestre

 

 

Por eso entendemos que el aumento de la superficie forestal ante el abandono rural no es una buena noticia, sino una contrariedad contra la que se debe actuar: en defensa de nuestros pueblos y de la naturaleza que los envuelve.   

 

Porque contrariamente a lo que mucha gente cree, la extensión del bosque por lo que antes eran cultivos no es una buena noticia para la biodiversidad, pues los ecosistemas agrícolas, en los que se combina un variado mosaico de hábitats, son mucho más biodiversos que los forestales.

 

Viñedos, olivares, dehesas, arrozales, barbechos, ribazos, zonas de matorral, praderas y campos de cereal: la multiplicidad de especies que pueblan los labrantíos es altísima, y con su retroceso buena parte de ellas se están viendo empujadas a la extinción.

 

Por eso Greenpeace alertaba en un reciente informe sobre la necesidad de detener el éxodo rural poniendo en valor los servicios que nos presta el campo, más allá de ser nuestra despensa.

 

En su estudio, la organización ecologista destaca que los municipios rurales contribuyen hasta 34 veces más que los urbanos a mitigar la crisis climática y 20 veces más a mantener la biodiversidad, por lo que exige un “fortalecimiento urgente” del mundo rural, ya que su papel "es vital" para afrontar el reto climático y conservar la naturaleza.

 

 

Ejemplo de paisaje mosaico en Villasbuenas de Gata, Cáceres,Extremadura. © Greenpeace / Pedro Armestre

Ejemplo de paisaje mosaico en Villasbuenas de Gata, Cáceres, Extremadura. © Greenpeace / Pedro Armestre

 

 

En 1950 el equilibrio entre la población rural y urbana en España era casi simétrico: 48% y 52% respectivamente. Tan solo veinte años después, en 1970, esa proporción había dado un vuelco tremendo: solo un 34% de los españoles vivía en el medio rural. Hoy la población rural representa poco más del 15%. Nuestros pueblos se vacían.

 

El 61 % de los municipios españoles tiene menos de 1.000 habitantes. En Castilla y León, la comunidad más extensa del estado y la tercera de la UE, con una superficie mayor a la de Portugal, los datos sobre despoblación rural son todavía más alarmantes.

 

Así, y según el mismo informe, en la provincia de Soria el 94% de sus municipios no superan los 1.000 habitantes. En Burgos representan el 93%. En Ávila y Zamora el 92,5% y en Salamanca el 92%. Pero hay más.

 

Hoy en día existen en España cerca de 1.300 municipios con menos de 100 habitantes y más de 4.000 (prácticamente la mitad del total) tienen menos de 500 habitantes, lo que los sitúa en riesgo de desaparición.

 

Respecto a la actividad agrícola, como recuerda Greenpeace en su informe en los últimos 40 años han sido abandonadas más de cuatro millones de hectáreas de tierras de cultivo. Por eso es tan necesario impulsar un verdadero programa de agroecología, basado en el desarrollo de la agricultura sostenible y regenerativa, para dar de nuevo impulso al campo y el mundo rural y detener la pérdida de biodiversidad.

 

Y para ello es necesario favorecer el regreso al campo, garantizando a sus habitantes los mismos derechos, servicios y oportunidades que al resto de la ciudadanía, en lugar de sufrir el olvido institucional y la degradación social y económica que les obliga a migrar a la ciudad abandonando sus tierras.

 

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