Primavera reseca: belleza apagada

Por Jose Luis Gallego, divulgador ambiental

Quienes combatimos las causas del cambio climático para mitigar sus peores efectos también lo hacemos en defensa de la belleza, como la que nos brindan los viñedos en primavera.

 

 

Empieza el mes de abril y la viña está triste, apenas refleja la plenitud que debería mostrarnos en esta época del año. Las altas temperaturas y la falta de lluvias han apagado la vivacidad del campo.

 

Tras el segundo invierno más seco en lo que llevamos de siglo, en el que no ha llovido ni la mitad de lo que señala la media, la primavera no está resultando mejor, por lo que la naturaleza se resiente.

 

Valores de precipitación (l/m2) para el periodo de inviernos 1965-2018 (Fuente: AEMET)

 

La sequía ha caracterizado desde siempre el clima mediterráneo, una característica a la que el cultivo de la vid se ha venido adaptando perfectamente. Hasta ahora. Porque el calentamiento global está intensificando esa característica, poniendo a prueba la resiliencia del viñedo.

 

 

 

En la región del Mediterráneo el cambio climático nos está acosando por los extremos: sufrimos sequías cada vez más severas a las que suceden períodos de lluvias cada vez más intensas, que a menudo provocan inundaciones calamitosas. Llueve lo mismo, es cierto: pero llueve peor. Y entretanto, las estaciones intermedias tienden a desaparecer.

 

 

 

La Agencia Estatal de Meteorología señala que los veranos duran ahora cinco semanas más que en los años ochenta del pasado siglo. Un fenómeno que se acentúa en el área del Mediterráneo, donde las condiciones estivales se están alargando más de un día al año.

 

En rojo, valores de la reserva de nieve para el periodo de invierno 2018-19 frente a los anteriores (Fuente: AEMET)

 

 

El verano se impone y como resultado el desierto avanza a dentelladas en España: devorando paisajes, dificultando el tradicional cultivo de la tierra y restando belleza. La superficie de suelos áridos o semiáridos aumenta a un ritmo acelerado: más de 10.000 kilómetros cuadrados por década.

 

 

 

Si seguimos así, a finales de este mismo siglo apenas quedará rastro de ese mosaico de cultivos y espacios forestales que ha venido definiendo el paisaje mediterráneo.

 

Aspecto habitual del estado del viñedo ya florecido en El Lloar (DOQ Priorat), propiedad de Familia Torres.

 

Un paisaje en el que destaca la fragosidad del viñedo en primavera: esa explosión de clorofila que convierte los desnudos sarmientos en frondoso ramaje, acogiendo una espléndida biodiversidad y procurándonos uno de los frutos más preciados de la tierra.

Por todo ello y en defensa de la belleza: unamos nuestros esfuerzos para reducir las causas que están propiciando el avance del cambio climático hacia los peores modelos y contribuyamos a mitigar sus efectos.   

Ver comentarios

Para dejar comentarios debes estar registrado e iniciar sesión

Inicia sesión o registrate