(MÁS) LLAMADA A LA ACCIÓN

Por Miguel A. Torres, 4ª generación y Presidente de Familia Torres

El otro día vi el discurso de Greta Thunberg a los delegados de las Naciones Unidas en la Conferencia sobre el cambio climático COP25 en Madrid, y de nuevo me impresionó.  Lo que esta joven activista sueca ha logrado en el último año es excelente y muy necesario. Esperemos que el mensaje ahora haya llegado a los políticos, las empresas e individuos: debemos descarbonizar nuestra economía mundial a fin de contener el aumento de la temperatura global en 1,5 grados a finales de siglo, y para ello es necesaria la participación de todo el mundo. Debemos reducir nuestras emisiones radicalmente y haciéndolo «un poco mejor» no es suficiente. A veces tengo la impresión de que la gente no se da cuenta de cuán serio es el problema en realidad. Quizá ahora, después de este verano y este otoño en Europa, con estas temperaturas anormales y extremas y los patrones de lluvia, la gente empiece a darse cuenta de que algo está ocurriendo (o de que algo va mal) y que todos debemos cambiar nuestro estilo de vida. 

 

Miguel Á. Torres (4ª generación y Presidente de Familia Torres) durante su reciente participación en COP25 (Madrid).

 

 

También nos sumamos a las acciones por el clima mundial iniciadas por los «Viernes por el clima», el movimiento internacional inspirado por Greta Thunberg, reuniendo a todo nuestro equipo en nuestra bodega de Pacs del Penedès y en nuestras oficinas de Vilafranca el pasado septiembre durante 4 minutos y 15 segundos, que simbolizan la acumulación de 415 partes por millón (ppm) de dióxido de carbono en la atmósfera, un nivel insostenible según los expertos. Durante mi breve intervención, no solo hice un llamamiento a la acción con objetivos claros y ambiciosos de gobiernos y empresas en la lucha contra el cambio climático, sino que también hice un llamamiento a la responsabilidad individual de las personas en la reducción de sus propias emisiones de carbono. Porque haciendo cambios en nuestro estilo de vida, por pequeños que parezcan, todos podemos contribuir, por ejemplo, utilizando menos aire acondicionado/calefacción, cambiando a bombillas LED o comiendo menos carne; es algo que todo el mundo puede empezar a hacer hoy mismo; y el próximo paso podría ser cambiarse a coche eléctrico e instalar paneles solares fotovoltaicos, etc. 

 

Colaboradores de Familia Torres en Vilafranca (izqda.) y Pacs del Penedès (dcha.) sumándose a las acciones en favor del clima el pasado 27 de Setiembre.

 

En el ámbito empresarial, estamos tratando de contribuir con nuestro programa denominado «Torres & Earth», que comenzamos en 2008, después de que mi mujer y yo viéramos la película de Al Gore «Una verdad incómoda» en 2007; ahí nos dimos cuenta de que no estábamos haciendo lo suficiente como bodega y que teníamos que acelerar: como resultado se puso en marcha el programa «Torres & Earth» para reducir las emisiones de CO2 en un 30 % por botella en 2020 en comparación con 2008. Desde entonces, hemos invertido más de 15 millones de euros en el programa y hemos conseguido reducir nuestras emisiones de carbono directas e indirectas hasta el 27,6 % (2018 y certificado por Lloyd's) en toda la cadena de valor, desde el viñedo hasta el destino final. Hemos llegado a esta reducción a través de un paquete relativamente amplio de medidas que incluye las energías renovables, tales como la utilización de paneles solares fotovoltaicos y una caldera de biomasa; la ecoeficiencia en el transporte, tales como la reducción del peso de la botella; la optimización del uso del agua; medidas de adaptación en los viñedos y proyectos de biodiversidad. Estos últimos incluyen la gestión forestal y la reforestación; un buen ejemplo es nuestro último proyecto en la Patagonia chilena, donde empezamos a plantar árboles en una superficie de casi 6.000 hectáreas para recuperar el paisaje forestal típico de esta zona y para la captura de CO2. En el futuro, continuaremos intensificando nuestros esfuerzos en «Torres & Earth» para adaptarnos y mitigar el cambio climático, y ya hemos fijado nuevos objetivos: reducir nuestras emisiones directas e indirectas de CO2 en un 50 % para el 2030 y un 80 % para el 2045, en comparación con 2008.

 

 

Lamentablemente, el cambio climático –aunque, en realidad, deberíamos hablar de crisis climática– es un hecho, y si no se toman medidas inmediatas, el mundo, pero especialmente la viticultura, se dirigirá hacia grandes problemas y cambios. Con el aumento de las temperaturas, muchos productos agrícolas seguirán cultivándose sin ninguna gran diferencia perceptible para el consumidor, mientras que, en el caso del vino, se verán afectados la calidad y/o cantidad. Prácticamente todos los viticultores del mundo ya notaron el cambio climático hace 1-2 décadas, porque los viñedos son muy sensibles a los cambios de temperatura. En Familia Torres hemos visto un aumento de 1,3 °C en la temperatura promedio en nuestra región durante los últimos 40 años, y ahora, nuestra cosecha comienza de media 10 días antes que hace 20 años. El problema es que las diferentes partes de una uva no necesariamente maduran al mismo ritmo. Cuando el tiempo es más cálido, el fruto de la uva será más maduro y dulce más pronto. Pero las semillas y pieles maduran más lentamente, lo que provoca un desequilibrio creciente en la madurez.


 

Así, la palabra y el trabajo claves son retrasar la maduración. Para lograr ese objetivo, como viticultor básicamente tienes 3 opciones: en primer lugar, implementar prácticas de viticultura que ayuden a retrasar la maduración de las uvas; a través de la experimentación vimos que los diferentes sistemas de formación, el cultivo de coberturas, la gestión de la cubierta vegetal, la densidad de las plantas, los distintos portainjertos e incluso el uso de redes-sombra ayudan a retrasar la maduración. La segunda opción es la plantación de viñedos en áreas más frías, por ejemplo, a una mayor altitud, ya que, por cada 100 m de altura, la temperatura baja casi 1 °C. Ya hemos plantado más de 100 hectáreas en el Prepirineo a casi 1000 metros y los resultados son excelentes. Y la tercera opción es replantar variedades de uva denominadas «variedades de maduración tardía», lo cual es una gran ventaja porque ya llevan el estándar de «maduración retrasada» en su ADN. En este sentido, vale la pena mencionar nuestro proyecto de investigación sobre variedades ancestrales, que empezamos hace 30 años. Este proyecto se creó para reintroducir variedades olvidadas como una especie de responsabilidad sobre el patrimonio cultural; casi un ejercicio de arqueología vitícola. Pero como efecto secundario afortunado, también encontramos que algunas de estas variedades olvidadas de uva son variedades de maduración tardía y, además, algunas de ellas resultaron ser muy resistentes a la sequía y al calor.


 

Así, en resumen, estas son, por supuesto, medidas de adaptación muy útiles, pero al mismo tiempo todos debemos reducir radicalmente nuestras emisiones y ayudar a descarbonizar nuestro planeta. Como ya se ha mencionado, es necesario actuar en el ámbito del gobierno, de la empresa y en el individual. Todos podemos contribuir, pero creo que el concepto clave para los próximos años es el trabajo conjunto; también, como sector del vino. Por lo tanto, a principios de este año, Jackson Family Wines y Familia Torres comenzaron una nueva iniciativa denominada «Bodegas internacionales para la acción climática» para hacer que la colaboración entre bodegas en relación con el cambio climático sea más fácil. La idea es que esta unión sea un detonante para que otras bodegas se unan y aceleren o para iniciar la ejecución de programas de reducción de emisiones de carbono. Han pasado varios meses y es estupendo ver que varias bodegas ya están en proceso de convertirse en solicitantes de IWCA o en miembros de pleno derecho.

 

Espero que la visión del biólogo Dr. Jamie Goode (que habló en nuestro curso del Cambio Climático de la Familia Torres en 2019) sea una realidad en pocos años: «que las emisiones de carbono sean socialmente inaceptables, ya sean producidas por empresas o por individuos». Ciertamente esto implica un cambio de paradigma, pero aquí la pregunta es: ¿Los consumidores aceptarían un aumento considerable en los impuestos sobre productos fósiles? ¿Detendría esto el crecimiento? Tal como escribe Jeremy Rifkin en su libro ‘The Green New Deal’: la transición del carbono a las Energías Renovables requiere un gran esfuerzo: van a generarse más empleos con la nueva ‘Energía verde’ que los que van a perderse con la descarbonización. Aunque se requiere mucha voluntad política…

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