Serbal, el árbol de los pájaros 

Serbal, el árbol de los pájaros 

Por Jose Luis Gallego. Divulgador ambiental (@ecogallego)

Entre todos los árboles que rodean las viñas y atraen la mirada de quienes las trabajan destaca el serbal, al que los botánicos clasifican con el nombre científico de Sorbus aucuparia. Una especie autóctona que por estas fechas atrae la mirada de los paseantes y de todas las criaturas que habitan el bosque ibérico.  

Durante el resto del año este modesto arbolillo, perteneciente a la familia de las rosáceas y que a menudo no pasa de arbusto, permanece semioculto en la espesura del bosque. Una discreción que abandona a finales de setiembre, cuando sus ramas se adornan con unos copiosos racimos de bayas rojas o anaranjadas, tan llamativas como indigestas.

Porque, además de amargos y muy ácidos, los frutos del serbal son tóxicos en crudo debido a que, aunque en dosis bajas, contienen parasorbina. Por esa razón nunca debemos llevarnos uno a la boca cuando paseamos por el bosque. 

Sin embargo, si los recolectamos ya maduros y los hervimos durante un buen rato a fuego lento, obtendremos una compota a partir de la cual se pueden elaborar deliciosas mermeladas o rellenos para pasteles. En algunos países del norte de Europa también utilizan las bayas del serbal para elaborar un licor tradicional en las fiestas navideñas. 

En cambio quienes si disfrutan del sabor de las bayas frescas del serbal son los pájaros silvestres. Es tanta la afición que sienten las aves por estos árboles que, en otoño, y muy especialmente en invierno, cuando el alimento escasea en el bosque y los frutos permanecen frescos en las ramas desnudas, acuden a ellos en grandes y variados bandos. 

Un pájaro posado en un árbol de Serbal
Un pájaro posado en un árbol de Serbal

Currucas, pinzones, camachuelos, mirlos, estorninos… Entre los pájaros invernantes que no faltan a la cita con el serbal figuran los zorzales, una especie cinegética muy apreciada. De ahí que también se conozca a este árbol con el sobrenombre de serbal de los cazadores, ya que estos suelen realizar aguardes en las proximidades del árbol para capturarlos.

Respecto a su aspecto general, y como decíamos, se trata de un árbol de porte modesto, que no suele superar los diez metros de altura. Muestra una copa baja y poco densa, con abundantes ramificaciones. Las hojas crecen en varilla, como la acacia, pero son más puntiagudas y aserradas. Sus flores, blancas y pequeñas, muy delicadas, aparecen a principios de junio formando grandes y apretados racimos. 

En la naturaleza el serbal prefiere los bosques húmedos y sombríos, generalmente hayedos y robledales, desde la media hasta la alta montaña, incluso rondando los dos mil metros. Sin embargo también puede aparecer en los ribazos y las lindes de las viñas menos soleadas que salpican las serranías litorales. Pero estos árboles no solo crecen en el monte. 

Pajaro en una rama de serbal
Pajaro en una rama de serbal

Muy utilizado como especie ornamental por su belleza (a finales de otoño las hojas adquieren un elegante tono rojizo antes de caer) el serbal también puede dejarse ver en parques y jardines urbanos, donde es capaz de adaptarse a los climas más adversos, tanto por su alta resistencia a las bajas temperaturas como a las sequias y el calor extremo.

Otra de las curiosidades del serbal es que tiene una madera muy dura, similar a la del boj, por lo que suele utilizarse en la fabricación de aperos de labranza. Muchas de las azadas, las palas o las horquillas que se guardan en los cobertizos están elaborados con madera de serbal. De ahí que este sorprendente árbol que sirve como despensa a los pájaros sea también muy apreciado por los artesanos del campo.