Las palomas de noviembre

21 Noviembre 2023
palomas de noviembre

Por Jose Luis Gallego. Divulgador ambiental (@ecogallego) 

Agrupadas en la familia de los columbiformes, las palomas forman uno de los grupos más populares entre las aves que frecuentan nuestros campos y pueblos. Expertas voladoras, su aspecto compacto y su gran potencia muscular las hace especialmente dotadas para alcanzar altas velocidades y describir todo tipo de acrobacias en el aire.  

Algunas especies, como la torcaz o la zurita, son menos frecuentes en el ámbito rural y urbano y prefieren los espacios abiertos que se abren en los valles entre montañas. Sin embargo, otras decidieron hace años instalarse junto a nosotros, llegando a formar abundantes concentraciones en las avenidas y las plazas como unas vecinas más. Ese es el caso de la paloma bravía (Columba livia). 

 

palomas de noviembre
Ejemplares de palomas bravías sobre de un tejado.  
 

Las palomas que habitan en nuestras ciudades proceden de esta especie salvaje, aunque sus hábitos y su aspecto poco tienen que ver con las viven en estado salvaje poblando las cárcavas y las peñas que se alzan en los cañones fluviales, la bravía es en realidad una de las aves más bellas de la fauna ibérica. Su plumaje natural es el de color gris tormenta, con dos franjas alares de color negro y unas bellísimas irisaciones verdes y moradas en el cuello que se acentúan en el macho durante el celo.  

Tienen un vuelo rápido y muy veloz, con corto batir de alas y ágiles cambios de ritmo, algo muy necesario para evitar los ataques de su gran predador en el medio natural: el halcón peregrino. De hábitos rupícolas, las poblaciones salvajes de esta especie forman grandes colonias en acantilados marinos y cárcavas de las hoces fluviales, donde llegan a ser también muy numerosas.  

Aunque en la ciudad se han convertido en comensales humanos, aprovechando todo tipo de restos de comida junto en parques y terrazas, en el campo su alimentación es básicamente fitófaga y suelen posarse sobre los campos de cultivo y los viñedos en busca de semillas y granos. Mide 33 cm de altura y pesa alrededor de 300 gramos.  

Mucho mayor que la bravía, aunque de similar aspecto, la paloma torcaz (Columba palumbus) es la especie más grande de todo el grupo. Su plumaje es más uniforme que en la bravía, de color gris suave, luciendo un babero tenuemente violáceo. Destaca su amplia mancha blanca y verde en la nuca. En vuelo es fácil de identificar por la combinación de blanco y negro que muestra en las alas, con una amplia franja blanca. Mide más de 40 cm y puede llegar a pesar alrededor de medio kilo.   

 

palomas de noviembre
Pareja de palomas trocaz sobre una rama de un árbol.  
 

Más agreste y menos cosmopolita que la bravía, su radio de distribución se extiende por todas las áreas donde existan árboles: desde las montañas hasta los valles, resultando muy abundante en los períodos de paso, especialmente en las primeras semanas de noviembre, cuando los bandos procedentes del centro y el norte de Europa atraviesan los collados del Pirineo a toda velocidad, en espectaculares formaciones de miles de ejemplares, para invernar en nuestros espacios naturales o seguir hasta cruzar por el paso del Estrecho, rumbo a África.  

En algunas comunidades, como Navarra, el paso otoñal de las torcaces por el Pirineo atrae desde hace años a ornitólogos aficionados llegados de todas partes para asistir a uno de los espectáculos más impresionantes de nuestra naturaleza. Los bandos, que pueden llegar a ser de centenares de miles, en ocasiones hasta de más de un millón de ejemplares, cruzan a toda velocidad por entre las montañas silbando como obuses. Sin embargo, los ornitólogos que siguen este fenómeno por los collados más famosos, como los de Irati, Belate o Baztan, informan de un fenómeno muy curioso. 

Desde hace algunos años están viendo como los bandos de torcaces que cruzan las montañas hacia España por la mañana, vuelven a hacerlo en sentido contrario, es decir de nuevo hacia Francia, al atardecer. Y el motivo es el cambio climático.  

Las palomas torcaces del norte de Europa, que suelen hacer una parada en la Reserva Natural de Las Landas, situada al sur de Francia, obedecen el mandato genético de seguir viaje hacia el sur y renuncian a quedarse allí. Sin embargo, en los últimos años, al cruzar los pirineos y encontrarse con una península ibérica demasiado cálida y reseca, deciden dar media vuelta y emprender viaje de regreso para instalarse definitivamente en Las Landas, donde se alimentan en los campos de cultivo que rodean los bosques y encuentran mucha más agua.  

De ese modo, el tradicional paso por los collados pirenaicos de las palomas de noviembre para instalarse en los bosques ibéricos, un fenómeno que ocupaba un capítulo especial en calendario de la naturaleza, amenaza con convertirse en un viaje de ida y vuelta a medida que el calentamiento global siga avanzando. Otro testimonio más del cambio climático.   

Por último, mucho menos común que las otras dos especies y más agreste, tenemos a la paloma zurita (Columba oenas): muy similar a la paloma torcaz, aunque más estilizada y menos voluminosa que ésta. El pecho es marcadamente mas rosado y destaca el tono verde turquesa de su mancha en el cuello, sin presencia de blanco. Tiene los ojos muy grandes, de color negro. La franja gris que cruza la cola es mucho más estrecha que en la torcaz y en vuelo las alas son gris uniforme, ribeteadas de negro, sin ninguna banda blanca que las divida. Mide y pesa aproximadamente lo mismo que la bravía. 

 

palomas de noviembre
Paloma zurita en un bosque nevado.