La urraca: vigilante de la viña

11 Diciembre 2023
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Por Jose Luis Gallego. Divulgador ambiental (@ecogallego)  

Adaptación, esa es la clave del éxito para una de las aves más comunes y mejor repartidas de nuestros campos y bosques: la urraca, a la que los científicos clasifican con el curioso nombre latino de Pica pica.   

Este córvido de cabeza grande y pico fuerte es también una de las especies más fáciles de identificar gracias a su contrastado plumaje, en el que combina con suma elegancia el color blanco puro con el negro azabache. Pero no es un negro apagado, sino que, a la luz del sol, muestra unas brillantes irisaciones verdes, doradas y lilas que la dotan de una belleza exótica.  

 

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Ejemplar de urraca en medio del viñedo de Familia Torres en el Penedès. 
 

Si la vemos a contraluz, su larga cola en forma de rombo y que balancea constantemente, nos permitirá asimismo reconocerla. Pero incluso si no llegásemos a verla, otra de las mejores maneras de identificarla es su singular reclamo: un ronquido seco y corto, que convierte en unos chasquidos largos y estridentes cuando quiere dar la alarma, como si agitásemos una lata llena de piedras. Mide 45 centímetros de longitud y puede llegar a pesar un cuarto de quilo. 

Abundante y ubicua, la urraca habita todo tipo de ecosistemas forestales: desde la línea de costa hasta las comarcas de alta montaña. Aunque su entorno más característico es el medio rural, el mosaico de cultivos, bosquetes y majadas que se abren desde la periferia de los pueblos hasta las montañas. También se instala en los entornos urbanos, incluso en el centro de las ciudades, convirtiéndose en una de las inquilinas más habituales de parques y jardines.  

 

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Urraca en el suelo del viñedo de Familia Torres en el Penedès. 

 

Su capacidad de adaptarse a tan distintos hábitats la ha llevado a ser una de las aves con el mapa de distribución más extenso, abarcando desde el norte de África a Extremo Oriente, toda Europa y el sureste asiático. En España ocupa la práctica totalidad de la Península, aunque su presencia es más escasa en las comunidades del levante y en el valle del Guadalquivir. Falta por completo en Baleares y Canarias.  

Omnívora y carroñera, la urraca se alimenta de todo tipo de aportes. Desde bayas y frutas a semillas y brotes tiernos. Caza insectos de todos los tamaños y captura pequeños roedores y reptiles. Gracias a su poderoso pico y a sus afiladas garras también puede actuar como rapaz de otras aves. Debido a ello en algunas áreas del norte de la península la superpoblación de urracas tiene que ser controlada, pues se dedica a visitar los nidos y llevarse a los pollos o los huevos del resto de aves, diezmando sus poblaciones hasta ponerlas en peligro. Carroñera oportunista, también acude a los vertederos e incluso llega a hurgar en las basuras de los contenedores.  

Un comportamiento característico de la urraca, y de otros córvidos, es el de compartir las tareas de vigilancia y control para proteger al grupo. En las viñas, por ejemplo, una de ellas suele situarse en lo alto de un árbol cercano mientras el resto se alimenta de las uvas para, en caso de amenaza, dar la alerta con su poderoso reclamo.  
 

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Ejemplar de urraca sobrevolando el viñedo de Familia Torres en el Penedès. 

 

Acostumbra a realizar una sola puesta, entre marzo y abril, de alrededor de cuatro huevos El nido, situado en las horquillas más altas de los árboles, es un gran receptáculo esférico elaborado a base de restos vegetales y todos los materiales que le llaman la atención en el campo (le atraen mucho las cosas brillantes): desde cuerdas, hasta trozos de tela y plástico que mezcla con barro.   

Por último, y a título de curiosidad, al igual que ocurre con otros córvidos como el cuervo, la grajilla o la corneja, a la urraca se le han atribuido desde siempre unas dotes de inteligencia que la han llevado a ser protagonista de todo tipo de cuentos y leyendas. Se la acusa desde ser ladronas de joyas (por su atracción hacia lo que brilla), hasta saber abrir las puertas de los graneros y los cobertizos para alimentarse de lo que allí se guarda. En todo hay que dejar muy claro que se trata de una especie protegida por la ley, un ave bellísima y muy beneficiosa para el campo que debe ser respetada y cuya captura está prohibida.