FAMILIA TORRES. Jaime Torres Vendrell: Una Historia que Contar

21 Noviembre 2023
jaime torres

Incertidumbres y crisis económicas; aventuras transoceánicas, guerras, vuelcos paradigmáticos en la sociedad y los devastadores efectos del cambio climático. No son pocas las vicisitudes acaecidas en la cronología de la bodega y en el seno de la familia Torres. 

 

Si bien el origen de la bodega se remonta a 1870, la familia Torres acumula a sus espaldas más de 300 años de viticultura. 

 

Cada una de las generaciones ha sido víctima de su tiempo y su contexto; del mismo modo, el espíritu emprendedor, el tesón, la perseverancia y una resiliencia estoica ante las dificultades han sido una constante, casi genética, en el devenir de bodegas Torres hasta nuestros días. Una filosofía propia para con el hecho vitivinícola aplaudida y reconocida internacionalmente.  
 

jaime torres vendrell
Retrato de Jaime Torres Vendrell 

 

JAIME TORRES VENDRELL (1843-1904) 

Jaime Torres había recibido desde la cuna una herencia inmaterial: el espíritu emprendedor y creativo innato en la familia. Con poco más de dos reales para sufragarse el viaje a Barcelona desde el Penedès, decidió ir a pie a la ciudad condal y ahorrarse el escaso dinero para posibles vicisitudes. El joven Jaime quedó impresionado con la vida frenética del puerto de Barcelona, donde asistía a la estiba y desestiba de barcos mercantes con nombres que parecían de bergantines piratas. Todos ellos venían de las Américas cargados de ron, madera de cedro, azúcar, cacao, café….   

 

jaime torres vendrell
Actividad en el puerto de Barcelona, cerca del paseo de la Duana, donde Jaime Torres instaló su residencia.  
 

Paradigma del comerciante “ochocentista”, tras emprender una aventura que le llevó a Cuba, Jaime Torres fundó, a su regreso, Bodegas Torres en 1870, junto a su hermano Miguel. La empresa se dedicaría de inicio a la exportación de vinos del Penedès a Cuba y posteriormente a otros países. La semilla estaba sembrada. 

 

Finalmente, logró enrolarse en uno de esos colosos mercantes a cambio de trabajar en la cocina. Pero Jaime se las ingeniaba para pasar más horas leyendo a Balzac y a Dumas que atendiendo a los fogones.  

Una vez en la Habana, el adolescente Jaime encontró trabajo como dependiente de una humilde tienda de comestibles. Allí, disponía del rancho, heredaba la ropa ajada de su patrón y dormía en un raído colchón debajo del propio mostrador. Con el paso de los años, Jaime consiguió ahorrar quinientos pesos, con la mente y los sueños apuntando a una vuelta al Penedès para desde el hogar exportar vino de los viñedos de la familia a la isla.  

 

De mente inquieta y lector infatigable, hojeaba los recortes de prensa y llegó a la conclusión de que la incipiente industria petrolífera era un negocio de un futuro que ofrecía oportunidades a corto plazo. 

 

Así, desde la bisoñez e ingenuidad propia de los soñadores y visionarios escribió a una gran empresa norteamericana ofreciendo invertir sus ahorros para integrarse en el negocio. Algo debieron ver aquellos gerifaltes en aquel escrito que, poco después, le ofrecieron la distribución de su firma en la capital cubana.  

El sueño de un regreso triunfal cobraba forma. Y el resto es historia.