Empresas y biodiversidad: una relación desequilibrada
Por Jose Luis Gallego. Divulgador ambiental (@ecogallego)
El importante papel de las empresas en la conservación de la naturaleza y la biodiversidad que alberga es algo conocido y de lo que nadie tiene duda. Sin embargo, ahora, un equipo internacional de investigadores pertenecientes a distintas disciplinas, desde la economía y las finanzas a las ciencias naturales y la agronomía, ha determinado los términos exactos de esa relación aportando cifras y datos concretos.
El IPBES es la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas, un organismo muy similar al famoso IPCC, pero centrado en la monitorización de la naturaleza del planeta y los efectos negativos de su deterioro, no solo para el medio ambiente, sino para la economía y los negocios.
Como sus homólogos climáticos, este equipo de expertos también está vinculado a la ONU, aunque en este caso a través de su programa de medio ambiente (PNUMA), y elabora asimismo informes de evolución que sirven como base para el desarrollo de estrategias y políticas y empresariales para mejorar la biodiversidad entendiéndolo como una oportunidad.
¿Qué es el IPBES?
En su última reunión, celebrada el mes de febrero en la ciudad británica de Mánchester, los responsables del IPBES presentaron su informe de evaluación sobre empresas y biodiversidad, en el que se recogen los fundamentos científicos que permiten describir y comprender la interdependencia entre las empresas y la naturaleza, así como determinar el impacto que genera la actividad económica en la biodiversidad.
En el estudio han participado alrededor de 80 expertos de 35 países durante tres años, y sus conclusiones han sido supervisadas y ratificadas por los representantes gubernamentales de los más de 150 países que integran el IPBES.
Según sus conclusiones, las empresas son las que más impactan en la naturaleza y las que más dependen de ella, por lo que, más allá de cualquier otra cuestión, preocuparse por su estado es también una cuestión de supervivencia empresarial. Y la ventana de posibles actuaciones para frenar y revertir su deterioro es cada vez menor.
El informe hace balance de los equilibrios y demuestra que el crecimiento de la economía mundial se ha hecho a costa de una pérdida inmensa de biodiversidad, lo que está poniendo en riesgo los servicios ecosistémicos que nos presta la naturaleza, y con ello a la propia economía, la estabilidad financiera y el bienestar humano.
Balance contrapuesto
Así, según expone la comparativa entre la evolución de los mercados y la de los ecosistemas, en términos de riqueza desde 1992 el aumento medio del capital humano ha rondado el 100 %, mientras que las reservas del capital natural se han reducido en un 40 %, algo que supone uno de los datos más relevantes del informe.
Otra de las aportaciones más significativas de este estudio es la que señala que incluso aquellas empresas que puedan parecer más alejadas de la naturaleza, como las tecnológicas, dependen de ella: ya sea de forma directa o indirecta.
Sin embargo, mientras la inmensa mayoría de las empresas de todos los sectores muestran un interés por reducir su huella de carbono para contribuir de ese modo a la lucha contra el cambio climático, menos del 1% se preocupan por medir su impacto en la naturaleza y reducir la crisis de biodiversidad.
Para divulgar esta situación con la relevancia y la urgencia que merece, y según viene defendiendo el IPBES desde hace años, la crisis de biodiversidad debe afrontarse juntamente con la crisis climática, pues ambas están íntimamente relacionadas y se retroalimentan.
Algo que ya están haciendo muchas empresas del sector agroalimentario, especialmente vitivinícolas, con su apuesta por la agricultura regenerativa o la ganadería extensiva, lo que mejora de manera natural la fertilidad de los suelos o la presencia de polinizadores, entre otras aportaciones, y contribuye a frenar la merma silenciosa de la vida silvestre.
De hecho, aunque todos estamos notando ya las consecuencias del cambio climático a través de la intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos, son pocos los que prestan atención a la pérdida de biodiversidad, que en muchos aspectos es incluso igual o peor de inquietante.
En caída libre
Uno de los datos más destacados es el que señala que las poblaciones de vertebrados han descendido un 70% en tan solo 30 años. La tasa de extinción se está acelerando a tal ritmo que muchos científicos hablan ya de la ‘sexta extinción’ masiva que sufre la Tierra. El último de los cinco episodios anteriores ocurrió hace 65 millones de años y acabó con la extinción de todas las especies de dinosaurio.
Como declaraba la doctora Vanessa Rodríguez Osuna, que ha coordinado el capítulo dedicado al área de negocio y biodiversidad, “el principal mensaje que nos traslada este informe es que la pérdida de biodiversidad y el deterioro de la naturaleza no permiten más tiempo de espera. Tenemos que actuar ya desde todas las empresas, en todos los sectores y en todos los países”.
Como destaca esta prestigiosa investigadora en su perfil del IPBES “La naturaleza constituye la base de todas las economías, que solo pueden prosperar si protegemos, restauramos y utilizamos sosteniblemente nuestro capital natural. Nuestro bienestar y prosperidad dependen de nuestra relación con la naturaleza”.