El calor extremo amenaza al campo

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Por Jose Luis Gallego. Divulgador ambiental (@ecogallego)

Los científicos que siguen la evolución de la crisis climática llevan décadas alertando sobre el agravamiento de sus consecuencias en el área del Mediterráneo. Los modelos coinciden en señalar un aumento sostenido, tanto en la frecuencia como en la intensidad, de los episodios de calor extremo, incluidas las olas de calor marinas. Unos episodios que aumentarán en las próximas décadas hasta superar muy probablemente el umbral crítico de los 2°C de aumento de las temperaturas medias hacia 2030. 

El calor extremo amenaza al campo

En este escenario, uno de los sectores que se van a ver más afectados es el agrícola. Por eso los informes de evaluación que elabora el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) dedican cada vez mayor atención a las consecuencias del aumento de las temperaturas para la producción agrícola, y advierten de sus graves secuelas para preservar la seguridad alimentaria.

Ahora la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) han lanzado un comunicado conjunto para apoyar las alertas del IPCC y certificar que el impacto en el sector agroalimentario del aumento de la frecuencia, la intensidad y la duración de las olas de calor va en aumento. 

En la publicación se describen los principios físicos del calor extremo asociado al cambio climático, así como las vulnerabilidades y las consecuencias observadas y previstas en la agricultura. Según la FAO el calor extremo “se refiere a períodos en los que las temperaturas diurnas y nocturnas superan los rangos normales durante el tiempo suficiente para causar estrés fisiológico y daños directos a los cultivos”.

Entre las medidas de adaptación para afrontar el aumento de este tipo de episodios los expertos destacan la necesidad de que la actividad agrícola se acomode a la nueva realidad climática. Para ello proponen recurrir a una selección de variedades basada en variedades autóctonas y ancestrales (mejor adaptadas al calor o el estrés hídrico), el ajuste de los períodos de siembra y recolección, la modificación de las prácticas de gestión para avanzar hacia un modelo agrícola más sostenible, y la aplicación de las nuevas tecnologías para mejorar la eficiencia y proteger los cultivos de los efectos de las olas de calor.

El calor extremo amenaza al campo

En ese sentido el informe destaca la importancia cada vez mayor de los sistemas de alerta temprana: una herramienta particularmente importante para ayudar a los agricultores en su respuesta a los episodios extremos. Como señala la FAO “los agricultores no pueden prepararse para lo que no saben si sucederá; por eso la alerta temprana es una de las herramientas más eficaces frente al calor extremo”.

Para el Dr. QU Dongyu, director general de este organismo de la ONU y ex ministro de Agricultura y Asuntos Rurales de China, “el calor extremo amenaza la seguridad alimentaria y los medios de vida de más de mil doscientos millones de personas que dependen de la agricultura. En este trabajo destacamos su importante efecto multiplicador de riesgos sobre los cultivos, la ganadería, la pesca y los bosques, así como sobre las comunidades y las economías que dependen de estos recursos”.

Por su parte, la Secretaria General de la OMM, Celeste Saulo, considera que “el calor extremo dicta cada vez más las condiciones de funcionamiento de los sistemas agroalimentarios” y señala que "más que un peligro climático aislado, se trata de un factor de riesgo combinado que amplifica las debilidades de los sistemas agrícolas”. Por eso subraya que “las proyecciones estacionales y los sistemas de alerta son vitales para contribuir a la adaptación de los agricultores a la nueva realidad climática”.

Pero el informe no solo atiende a las consecuencias de este fenómeno meteorológico extremo en el rendimiento de los cultivos, sino que presta también una especial atención a la amenaza que supone para la salud y la seguridad de los trabajadores del campo. Según la FAO más de un tercio de la fuerza de trabajo a nivel mundial -alrededor de 1.200 millones de trabajadores- se enfrenta cada año al calor extremo en su lugar de trabajo, y la agricultura es uno de los sectores más afectados.

Según los autores de este informe, los días al año en los que hará demasiado calor para trabajar en el campo podrían aumentar hasta los 250 en gran parte de Asia meridional y África subsahariana y en amplias regiones de América Central y América del Sur. Algunos expertos incluyen en este escenario a los países del sur de Europa. 

Para hacer frente a esta nueva realidad climática va a ser necesario avanzar hacia una agricultura más sostenible, basada en la eficiencia, mejor integrada en el entorno y en armonía con la biodiversidad que acoge. Una agricultura más resiliente a los extremos meteorológicos, que contribuya a preservar la salud de los trabajadores, a mejorar la economía de las comunidades locales y a mantener el equilibrio de los ecosistemas naturales. 

Un cambio de modelo que no va a ser fácil ni rápido, por lo que en su apartado final apela a agilizar el acceso a servicios financieros mediante transferencias en efectivo, sistemas de seguro más eficaces en los pagos y otros mecanismos de protección social ante el reto climático. Como señala la FAO “la adaptación va a requerir grandes inversiones y decisiones difíciles sobre qué se puede seguir cultivando y dónde”. Por todo ello, y ante la probabilidad de que el calor se intensifique aún más en los próximos años, “los agricultores necesitan soluciones inmediatas”.