LA VID[A] EN ALTITUD

Vinos del Frío

En los viñedos de altura, vinculados a los metros a los que se encuentran sobre el nivel del mar, la variación de las condiciones climáticas tiene su incidencia en las elaboraciones. El binomio altitud-temperatura marca decisivamente el ciclo de madurez de la uva que, al abrigo de una mayor amplitud térmica, ofrece a los vino una personalidad distintiva y muy particular. 



 

Viñedos y parcelas privilegiadas ubicadas en algún lugar entre el cielo y la tierra. Els Tossals (DOQ Priorat), Fompedraza (DO Ribera del Duero) o Sant Miquel (DO Costers del Segre) acarician las estrellas mientras descansan acunadas en el suelo.

 

Els Tossals (DOQ Priorat), propiedad de Familia Torres



 

Desde allí, las estaciones llevan unas diferencias más acentuadas entre sí, y establecen las condiciones para el alumbramiento y posterior desarrollo del ciclo vegetativo. Por cada 100 metros de ascensión, la temperatura desciende unos 0,65ºC de media.


 

El contraste térmico acusado permite que el ritmo de maduración de las uvas recorra su sendero vital de manera más lenta. Una suerte de ‘arranca y para’ que activa el desarrollo de azúcares de la uva durante el día y se detiene durante la fría noche, alargando así su ciclo. 

 

Viñedos de Fompedraza (DO Ribera del Duero), propiedad de Familia Torres



 

La complicidad Cielo-Tierra, Día-Noche, se manifiesta en Celeste, de la bodega de Pago del Cielo (DO Ribera del Duero), a casi 900 metros de altitud, donde las vides de tinto fino (o tempranillo) se han acomodado a las temperaturas extremas de la región, adquiriendo una personalidad distintiva que no necesita de mezclas varietales.


 

El efecto galopantes del cambio climático abre a elaboradores y viticultores la posibilidad de nuevas zonas de cultivo más frescas, para tratar de controlar más el ciclo de maduración y evitar desequilibrios durante el desarrollo de los procesos vitales de la planta.

 

Viñedos de Sant Miquel (Tremp), propiedad de Familia Torres


 

Sin duda, la búsqueda de parcelas y viñedos en altitud supone un reto para los elaboradores. Vinos del frío, destinados a prevalecer y proyectar al mundo lo mejor que tenemos que ofrecer: nuestra tierra y nuestro vino. 

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