Tiempo de poda. Tiempo de energía.

Por José L. Gallego.

En el calendario del viñedo la llegada del frío invernal marca una de las tareas más importantes para el viticultor: la poda.


 

Son muchas las circunstancias que cada viticultor puede tener en cuenta a la hora de escoger el momento idóneo para llevar a cabo esta necesaria labor: desde el seguimiento de las fases lunares, al posible riesgo de heladas. Pero lo que está claro es que debe realizarse durante la fase de reposo de la planta: tras la caída de la hoja, cuando los sarmientos están del todo desnudos y antes de que la cepa empiece a brotar.


 

Pero, además de ser fundamental para garantizar el éxito de la cosecha, ésta importante tarea puede proveer al viticultor de un rendimiento añadido: el de la valorización energética de los residuos de poda mediante el aprovechamiento de su biomasa.


 

La biomasa es una de las energías renovables con mayores posibilidades de aprovechamiento en el cultivo de la vid. De hecho, la quema de combustible vegetal es una de las formas de proveernos de energía más antiguas, y de las que siguen siendo más aprovechadas en todo el mundo.

 

Trabajos de poda manual en los viñedos de St. Miquel (Tremp), propiedad de Familia Torres

 

 

Aunque es cierto que cuando se quema materia vegetal ésta libera CO2 a la atmósfera, no debemos olvidar que se trata del mismo CO2 que el árbol o la planta habían fijado previamente durante su desarrollo mediante la fotosíntesis. Por eso decimos que la biomasa presenta un balance neutro de emisiones, y su desarrollo contribuye a reducir las emisiones de gases con efecto invernadero asociadas a la quema de combustibles fósiles, como el petróleo, el gas natural o el carbón.


 

Un desarrollo que tiene en el aprovechamiento de los restos de poda agrícola uno de sus mayores potenciales.


 

Según el Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos de la Universidad de Zaragoza (CIRCE), en el conjunto de la UE se generan, anualmente, alrededor de trece millones de toneladas de residuo vegetal procedente de la poda en seco, por lo que, si fuéramos capaces de recuperar ese valioso recurso para la obtención de energía, a partir de su biomasa, lograríamos un gran avance en la mitigación del calentamiento global, e impulsaríamos la economía local, generando nuevas oportunidades de desarrollo rural.


 

Sin embargo, a pesar de que desde el punto de vista ambiental y económico todo son ventajas, y que a nivel técnico y logístico no existe ningún impedimento para su desarrollo, el aprovechamiento de la biomasa de la vid y de otros grandes cultivos agrícolas (como el olivar) sigue sin merecer la atención de los gobiernos, que apenas le dedican atención en sus planes de impulso a las renovables (cuando los hay, claro está).

 

Sarmientos recién podados en los viñedos de El Lloar (DOQ Priorat), propiedad de Familia Torres.

 

Un esfuerzo destacable en ese sentido es que desde el año 2012 viene llevando a cabo Familia Torres en sus instalaciones en Pacs del Penedès, donde tiene en funcionamiento la mayor caldera de biomasa instalada en una bodega en España.


 

Esta instalación se alimenta con los sarmientos procedentes de la poda y las cepas viejas arrancadas para su sustitución, y ha permitido rebajar el consumo de gas en un 95%, evitando la emisión de 1.300 toneladas de CO2 al año. Un buen ejemplo de economía circular y de compromiso en la lucha contra el cambio climático.

Ver comentarios

Para dejar comentarios debes estar registrado e iniciar sesión

Inicia sesión o registrate