La memorable astucia del zorro

Por Jose Luis Gallego. Divulgador ambiental @ecogallego

Si hay un animal que no necesita presentación es el protagonista de esta entrega. Astuto, inteligente y capaz de adaptarse a cualquier ecosistema, el zorro común (Vulpes vulpes) es uno de los carnívoros mejor distribuidos y más conocidos de la fauna ibérica.

 

Su éxito evolutivo le ha permitido alcanzar un estatus de relativa abundancia, a pesar de la persecución sistemática a la que ha sido sometido por parte de los cazadores a lo largo de la historia. Un ejemplo de ello es que actualmente, y pese al notable aumento de la conciencia ecológica en la sociedad y del avance de las leyes conservacionistas, el zorro siga siendo considerado especie cinegética y esté permitida su caza.

 

Quienes sentimos respeto y admiración por este maravilloso animal y admiramos su belleza no nos cansamos de resaltar la elegancia de su figura y su llamativo pelaje, que tanta codicia (para su desgracia) llegó a despertar en quienes lo pusieron de moda como prenda de abrigo, una moda por suerte rechazada hoy por la mayoría de la sociedad.

 

 

Ejemplar de zorro común. Fotografía de: Ana Mínguez

Ejemplar de zorro común. Fotografía de: Ana Mínguez

 

 

De tamaño medio, mucho más pequeño que el lobo, de quién lo separan notables diferencias tanto de aspecto como de comportamiento, en nuestro país el color del zorro varía según el área de distribución donde se establece, siendo anaranjado en las zonas de alta montaña y pardo grisáceo en el centro peninsular.

 

Su hocico puntiagudo, de color negro brillante, y las orejas triangulares, muy apuntadas, denotan unos sentidos despiertos, que le permiten permanecer en constante alerta, tomando registro de todo cuanto acontece en su entorno, muy especialmente gracias al agudo olfato: su principal herramienta de supervivencia.

 

De mirada inteligente, con unos preciosos ojos de color caramelo, la parte baja del hocico y el vientre son de color blanco, en contraste con la parte baja de las patas delanteras, que se oscurecen hasta fundir a negro. La cola del zorro es quizá la parte más llamativa de su morfología: ancha, larga y densamente poblada, algo más oscura y a menudo acabada en blanco puro.

 

 

Zorro común rodeado de flores en el campo. Fotografía de: Ana Mínguez

Zorro común rodeado de flores en el campo. Fotografía de: Ana Mínguez

 

 

Mide alrededor de un metro de largo y tiene una altura a la cruz (es decir, al hombro) de 40 cm. Muy variado en peso, lo normal es que se sitúe entre los cinco y ocho kilos, pero puede resultar mucho más ligero y pesado en función de sus oportunidades de alimentación.

 

Solitario y territorial, el zorro nunca se mueve en manada, comportándose como un cazador solitario. La persecución a la que ha sido sometida por los cazadores lo ha convertido en un animal esquivo y huidizo, sumamente precavido y al que difícilmente lograremos sorprender. Pero sin lugar a duda el principal rasgo del comportamiento del zorro es su memorable astucia.

 

 

Zorro común en un campo. Fotografía de: Ana Mínguez
Zorro común en un campo. Fotografía de: Ana Mínguez

 

 

Los etólogos señalan a este pequeño carnívoro como uno de los animales más inteligentes de la fauna europea. Podría compartir con el lector numerosas anécdotas vividas con él: desde su capacidad para detectar a quienes somos sus amigos para reconocer nuestra presencia en el monte y acercarse confiadamente, en plena libertad, hasta su increíble astucia para eludir el acoso de los cazadores y sus perros y volverse prácticamente invisible y desaparecer sin dejar rastro de su presencia. 

  

El celo se inicia en diciembre, y es por esas fechas cuando tienen lugar los enfrentamientos entre machos rivales por la defensa de los territorios. Tras el período de cópulas llegará la gestación de las hembras, que dura 52 días. La zorra es muy prolífica, llegando a parir hasta una docena de crías en años de especial abundancia, aunque lo más frecuente son las camadas de cuatro cachorros.

 

A principios de primavera los zorreznos abandonan la madriguera para iniciar su período de aprendizaje. Tras pasar el verano en compañía de la madre, con la llegada del otoño, los jóvenes zorros se independizan y se alejan del territorio del padre para no entrar en competencia.

 

Buena parte del fenómeno expansivo de las poblaciones de zorro se debe a su condición de omnívoro, siendo capaz de adaptarse a lo que abunda a su alrededor. Donde hay conejos, éste forma la base de su dieta. Lirones, topillos, ratones, reptiles y anfibios, pájaros o insectos completan el catálogo de presas más habituales.

 

Pero cuando las presas vivas escasean no duda en hacer cambios en su menú y tornarse básicamente vegetariano. Así, en otoño se alimenta básicamente de bayas silvestres y en verano da cuenta de todo tipo de fruta, muy especialmente de uvas maduras, por las que siente auténtica pasión. Un hábito que le hace entrar en conflicto con los viticultores, aunque siempre desde la búsqueda de la convivencia.

 

Una vez conocí a un viticultor que entabló amistad con un zorro que merodeaba por sus viñedos y con el que compartía los restos de su almuerzo. Al final el zorro acabó acompañándole en sus labores, algunas noches dormía en la caseta de labranza y le esperaba en lo alto del camino cuando llegaba. La historia de afecto entre aquel hombre de campo y el raposo demuestra hasta qué punto podemos disfrutar de su presencia desde la tolerancia y el respeto mutuo.  

Ver comentarios

Para dejar comentarios debes estar registrado e iniciar sesión

Inicia sesión o registrate