La elección de un vino

Descifrando la etiqueta

Llamativas o sobrias, elegantes, clásicas o rompedoras… más allá del factor estético, saber interpretar la información que aparece en la etiqueta nos puede resultar de lo más útil a la hora de elegir un vino acorde con nuestros gustos enológicos.

 

El origen, la añada, las variedades y el paso (o no) por roble nos dicen mucho más de lo que imaginas.

 

Una certera lectura e interpretación de estos parámetros afinarán tu elección y evitarás sorpresas desagradables.


 

 

1. El Origen: mucho más que una bandera

El mundo Vino, debido a su envergadura, necesita de una gran división para empezar a comprender sus particularidades. De ahí que la primera pista referente al origen nos la dé el clima y su relación con la madurez del fruto:


 

Vinos de climas cálidos Vs vinos de climas fríos. La diferencia importa.

Las regiones de clima cálido tienden a ser más estables en su temperatura media anual. De este modo, el progresivo descenso de las temperaturas ocurrido entre verano y otoño ayuda a la exitosa maduración de la uva, si bien se resta parte de la acidez natural de la fruta.


 

Los climas cálidos producen un fruto de notas maduras y menor acidez. Del mismo modo, las graduaciones tienden a ser elevadas. En boca, la sensación es de amplitud y volumen.



 

En los climas fríos es preciso aclarar que, en muchos de estos países, las temperaturas máximas alcanzadas son las mismas que las que padecen los de climas más temperados. Ocurre que el cambio de temperatura en época de vendimia se produce de manera mucho más brusca, factor decisorio en el perfil de aroma y sabor del vino.


 

El frío conserva un alto nivel de acidez natural de la fruta, y lo que otorga a los vinos es sensación tensa y de frescor, que los adelgaza.



 

La madurez de la uva y su etimología en las etiquetas

La madurez del fruto en el momento de la vendimia también nos aportará información fundamental para conocer el perfil de un vino, para saber si se adapta a nuestras necesidades. Pero, ¿cómo obtener esta información?

 

  • Términos como “taninos redondos o maduros” suelen hacer referencia a un vino donde la fruta se muestra madura y cálida.

 

  • Asimismo, el término “equilibrado”, nos indica que el vino tiene un marcado perfil fresco de intensa acidez.


 

 

2. La Añada

Partimos de la base de que todo vino que sale al mercado lo hace para ser consumido en breve. No obstante, las particularidades de la añada importan y mucho, ya que pueden aportar matices propios de una plena madurez a una región fría y viceversa; una región cálida puede haber sufrido los estragos de un verano frío y acentuar la acidez del fruto.


 

Detectaremos añadas de vendimias tempranas cuando la acidez mande en el conjunto del vino. De modo opuesto, cuando el fruto regala notas de intensa calidez, estaremos ante una completa maduración de la uva.



 

Como vemos, la relación clima-madurez se nos antoja de nuevo esencial para comprender a un vino. No obstante, los efectos del cambio climático amenazan con profundizar la brecha que provoca la inconsistencia entre añadas.


 

3. Las Variedades

Al igual que la fruta, las habrá que de manera inherente os gusten más o menos. Pero, como hemos visto anteriormente, una misma variedad puede ofrecer matices muy diferentes en función de su origen.


 

A modo de ejemplo, un riesling centroeuropeo de zonas frías como Austria o Alemania nos regalará una acidez excelsa, elegante y frescor frutal de recuerdos cítricos y verdes.



 

La misma variedad en el Penedès, cambiará lo paradigmático de lo varietal por notas de fruta madura y una untuosidad glicérica, derivada de la graduación, propia de climas más cálidos.

 


 

4. ¿Crianza?

No todas las variedades muestran el mismo potencial para el envejecimiento en madera. A partir de ahí, las preferencias organolépticas de cada uno son las que mandan.


 

Si gusta el frescor frugal de la fruta en los vinos tintos se debe evitar largas crianzas, ya que la madera disfraza la verdadera expresión varietal.



 

De lo contrario, si se busca cierta complejidad y matices, una crianza parcial (de 3 a 8 meses) aportará complejas notas de vainilla, tabaco y café; suavizará los taninos y ayudará en la coloración y estabilización del vino.


 

Como vemos, saber interpretar la información que aparece en la etiqueta de una botella de vino puede ayudarnos a elegir, sin temor a equivocarnos, así como permitirnos experimentar con conocimiento de causa.

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