Emergencia climática

Mario Rodríguez Vargas, Director Ejecutivo Greenpeace España

A medida que pasa el tiempo se va asentando con claridad en la ciudadanía la evidencia de que estamos ante una emergencia climática y que queda poco tiempo para afrontarla con éxito. Lo que no tengo claro es si los líderes políticos son conscientes de que el grado de ambición con el que los estados miembros de la UE están dando respuesta a esta crisis ambiental y civilizatoria es claramente insuficiente. No sólo lo dice Greenpeace, lo dice la comunidad científica, lo dice la juventud, la propia Comisión Europea, multitud de empresas...

 

Imagen de un equipo científico Greenpeace en el Ártico para estudiar los efectos del cambio climático en la región.



 

En la última reunión del Consejo Europeo los líderes europeos debían acordar priorizar la lucha climática y llevar a Europa a emisiones cero netas en 2050, insuficiente para Greenpeace que sitúa la fecha en 2040, pero al fin y al cabo un indicador claro sobre la capacidad de liderazgo europeo en la lucha contra el cambio climático. Lamentablemente la cumbre europea de mediados de junio terminó en un sonoro fracaso y no hubo acuerdo de ningún tipo. Si de verdad, los líderes políticos están considerando seriamente la posibilidad de declarar la emergencia climática, como ya ha ocurrido en el Parlamento británico, les pido que no se quede un simple eslogan que se puede quedar en papel mojado. Porque emergencia climática y escaso nivel de ambición, por ejemplo, en el ritmo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, casan mal y es lo que a día de hoy está pasando.


 

Tenemos diez años para sentar las bases de una solución que pasa inexorablemente por una transición ecológica del modelo económico hoy vigente. Y no sólo hemos de verlo en términos de transición tecnológica, también es fundamental un cambio radical de mentalidades, de patrones de producción y consumo, de justicia social. Porque la transición ecológica ha de ser sobre todo justa.

 

 

Herramienta interactiva donde Greenpeace permite la consulta de todas las acciones que ciudades y gobiernos europeos están tomando para limitar la contaminación provocada por el tráfico motor.



 

El Gobierno español está entre los países que están empujando para que la UE asuma un mayor grado de ambición.  Sin embargo a nivel nacional la ley y el plan de clima y energía deben ser más ambiciosos y debemos reducir las emisiones un 55% respecto 1990 para 2030. No cabe duda de que el Gobierno español está haciendo esfuerzos muy importantes en la dirección correcta pero son insuficientes. La Comisión Europea incluye a España en el grupo de países con planes más ambiciosos de lucha contra el cambio climático, pero esto no significa que sea suficiente por el mero hecho de que los objetivos globales de la UE no lo son y los particulares de España tampoco. No caben paños calientes en este asunto. A nivel nacional necesitamos legislación que ponga fecha de cierre al carbón y a la venta de los coches de combustión antes de la próxima década y alcanzar un sistema eléctrico 100% Renovable en 2030.


 

Los jefes de Estado deben nombrar, y no parece una tarea fácil, a un presidente de la Comisión UE que haga frente a la crisis climática y ecológica y la conviertan en una prioridad dentro de la agenda política europea. Desde Europa deben adoptarse políticas que acaben con las desigualdades sociales y protejan a las personas y al planeta. Esta es la última oportunidad para que UE demuestre que está dispuesta a acelerar la acción climática antes de la cumbre especial de la ONU sobre el clima de Nueva York en septiembre. La comunidad científica exige mayor celeridad y grado de ambición. Lo puede decir más alto, pero no más claro. La juventud, es decir la generación que puede sufrir las consecuencias de lo que se decida hoy, está pidiendo en las calles cada viernes que se actúe ya y se haga con contundencia y urgencia.

 

Imagen de uno de los diez incendios más devastadores del s.XXI en España, en Cortes de Pallás (Valencia), donde en junio de 2012 se quemaron 30.691 hectáreas.



 

La emergencia climática requiere liderazgo, valentía, compromiso y medias y presupuestos ambiciosos y concretos. El tiempo apremia, por eso la UE debe aumentar urgentemente sus compromisos. Por ello, no quiero finalizar sin interpelar a los líderes europeos emergentes y pedirles que asuman que es vital incrementar el grado de ambición en la lucha contra el cambio climático.

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