El curioso secreto del canto de los grillos

Por José Luis Gallego. Divulgador ambiental @ecogallego

Los grillos son unas criaturas tan sorprendentes como desconocidas por el gran público. Y ahora, cuando el sol de mayo recalienta los mediodías y templa los atardeceres, llega el mejor momento del año para observarlos y descubrir los sorprendentes secretos que guardan.

 

La especie más habitual en nuestros campos, el grillo común o campestre (Gryllus campestris) es un insecto de tamaño mediano (mide entre 2 y 3 centímetros de longitud) de color negro brillante y con una cabeza sobredimensionada de la que surgen un par de antenas frontales.

 

Tiene el dorso de color oscuro, y si nos fijamos bien descubriremos que poseen una característica franja dorada en la base de las alas. Éstas cubren completamente el abdomen, que acaba en dos espectaculares espinas, pero tranquilos: los grillos no ‘pican’.

 

Inquilino habitual de los viñedos y los campos que los rodean, son de hábitos crepusculares y nocturnos, aunque suelen aprovechar las tardes soleadas de mayo para salir de los profundos agujeros que les sirven de madriguera para tomar baños de sol y empezar a emitir su característico reclamo. Un sonido que encierra uno de los secretos más sorprendentes de la naturaleza. 

 

 

Viñedo en Tremp, propiedad de Familia Torres

Viñedo en Tremp, propiedad de Familia Torres

 

 

El llamado canto del grillo, un cri-cri-cri muy agudo y perceptible a larga distancia, recibe el nombre científico de estridulación y se trata de un sonido rítmico que estos insectos logran producir al frotar sus élitros (así es como llaman los entomólogos a las alas externas de los coleópteros) entre sí.

 

En el caso de los grillos comunes las diferencias de sonido al cantar tienen que ver con el marcaje de territorio o el inicio del período de celo en el insecto. De ese modo el canto del grillo vendría a tener una especie de letra, un mensaje encriptado y solo descifrable por sus congéneres con el que lograrían transmitirse recados relacionados con la defensa del territorio o la época de celo.

 

Pero además de permitir la comunicación entre los miembros de la especie, la estridulación de los grillos campestres también nos transmite información a nosotros, un mensaje cifrado que puede resultarnos muy útil.

 

 

Así, las gentes del campo mantienen la tradición de escuchar detenidamente el canto del grillo para calcular la temperatura ambiente y predecir el tiempo que hará al día siguiente. Y cuidado porque la cosa parece tener su base científica.

 

 

Ocurre que el organismo de estos insectos, como el de los reptiles por ejemplo, interactúa de manera directa con la temperatura que les rodea acelerando o reduciendo los ritmos vitales de su metabolismo. Si hace frío el canto es más lento y espaciado, en cambio si hace calor el sonido es más vigoroso y acelerado.

 

Para calcular la temperatura exterior a través del canto del grillo lo primero que hay que hacer es elegir un individuo y, sin causarle ninguna molestia ni anunciar nuestra presencia, pues de lo contrario se callaría al instante, empezar a contar el número de notas que emite durante un minuto (es aconsejable coger papel y lápiz y anotar una rayita por nota porque son muchas).

 

Por último se suman todas las notas emitidas, se divide la cifra por cinco y se le restan nueve. El resultado será la temperatura ambiente expresada en grados centígrados. Si realizan el ejercicio no duden en comprobarlo: verán cómo las cuentas no fallan.

 

Otra curiosidad de estos músicos silvestres. Escuchen “Las cuatro estaciones” de Vivaldi mientras oyen cantar a los grillos, por ejemplo a través de unos cascos a bajo volumen que le permita percibir el sonido de estos insectos. ¿Sorprendente no? ¿A que parecen seguir la misma partitura? Cosas de la naturaleza, y de la genialidad del gran compositor veneciano, que tan a menudo se inspiró en ella.

 

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