Descubrir el vino (II): Mi teoría

Por Tim Jackson. Master of Wine.

Periodismo

Cuando empecé a interesarme por el vino, quizá lo que me pareció más obvio para empezar, igual que a muchos de nosotros, era coger una revista de vinos o seguir la columna semanal de un crítico. 20 años después, el formato ha cambiado radicalmente con la vertiginosa transición a sus equivalentes en internet, tanto los que coexisten con las ediciones impresas como los que las han sustituido.


 

Nosotros aprovecharemos su experiencia para evaluar los vinos y para guiarnos hacia el conocimiento correcto. También aprovechamos su independencia, al menos en la mayoría de los casos, para tener una visión imparcial de lo que «se lleva» y lo que no.

 

Todavía sigue habiendo en circulación muchas revistas especializadas muy conocidas, como las americanas Wine Spectator, Wine Enthusiast y, por supuesto, The Wine Advocate, fundada por Robert Parker y ahora en manos de inversores de Singapur, o como la británica Decanter. También sigue habiendo periódicos que apoyan el periodismo enológico con seriedad, como Eric Asimov en el New York Times o Víctor de la Serna en El Mundo.

 

Rápidamente gravité hacia el trabajo de Jancis Robinson, MW, y llevo mucho tiempo abonado a su página web, igual que a la de Robert Parker. Estos dos ilustran uno de los problemas de los periodistas, que es saber si sus gustos coinciden con los nuestros: ¿nos gustará un vino que para ellos es magnífico? Yo opté por adoptar la perspectiva de dos expertos con distintos gustos para tener una visión más amplia, pero es una elección particularmente importante cuando se paga por una publicación o una suscripción.


 

Además, el coste del acceso a este tipo de conocimientos está aumentando y los editores cada vez ponen más peajes para monetizar el trabajo de los periodistas que tienen en nómina.

 

 

Blogs

Lo que nos lleva a la siguiente fuente de información obvia. A menudo de acceso gratuito, hay una gran cantidad de aficionados que pudieron adentrarse en la escritura sobre el vino gracias a la llegada de las plataformas de blogs y páginas web baratas. Básicamente, cualquiera podía ser escritor de vinos.


 

La década del 2000 vio nacer una gran cantidad de blogs sobre el vino en los que muchos adoptaban las nuevas tecnologías, como el vídeo, para aportar simplicidad y claridad a sus comunicaciones. De hecho, con la llegada de YouTube, el distribuidor de vinos de Nueva York Gary Vaynerchuk se convirtió en gurú de las redes sociales a través de sus entusiastas y pragmáticos vlogs sobre vinos de WineLibraryTV.

 

Más allá del acceso gratuito, la mayor ventaja que han traído los bloggers del vino es la democratización de la escritura sobre el vino, su lenguaje, los temas elegidos y los métodos. Los periodistas del vino tradicionales eran seleccionados por el establishment para que escribieran para ellos, a menudo a su imagen y semejanza y perpetuando su estilo: hacer reseñas solo de vinos exclusivos, solo de las regiones clásicas, con un lenguaje complejo, opaco y elevado, etc.


 

La otra cara de esto es la experiencia, o su ausencia, y juzgar si la perspectiva de un determinado escritor es digna de crédito. Sobre todo cuando se trata de catar vinos y hacer una crítica de su calidad, donde la formación cuenta (volveré sobre esto más adelante).


 

No obstante, encontré 3 bloggers británicos particularmente interesantes. Chris Kissack, alias The Wine Doctor, se centra en la región de Burdeos y el valle del Loira, con mucha historia sobre viñedos concretos, aunque su blog pasó a ser de pago y yo elegí no pagar.


 

Alrededor de 2005 me encontré con Wine-Journal, que por aquel entonces escribía Neal Martin, que tenía un estilo ameno. Pero no solo eso, también me fiaba de sus reseñas. Por supuesto, Wine-Journal fue absorbido por The Wine Advocate cuando Neal se convirtió en uno de los críticos internacionales más importantes y ahora escribe para Vinous, de Antonio Galloni.


 

Por último, wineanorak, escrito por el Dr. Jamie Goode, sigue siendo un referente si se desea una perspectiva profunda, científicamente precisa y reflexiva sobre el vino. El Dr. Goode también se ha convertido en un escritor de vinos consolidado, con libros bien documentados y una columna en un periódico, lo que demuestra que se pueden encontrar bloggers verdaderamente buenos.

 

 

 

Crowdsourcing

La fuente más extrema de información «democrática» sobre vinos son las opiniones de otros usuarios. La plataforma Cellartracker, en particular, recopila miles de valoraciones críticas de vinos hechas por sus miembros y funciona según el principio de la sabiduría colectiva.


 

La aplicación para móviles Vivino, con su software de identificación de etiquetas, ha construido una propuesta comercial de venta de vino precisamente en torno a este sistema. Estas fuentes funcionan igual que TripAdvisor para los viajeros o Feefo para las compras online.


 

Asimismo, los comentarios en foros de internet y los hilos de discusión de aficionados ofrecen una fuente para compartir conocimientos, no solo calificaciones de vinos.


 

Pero, para mí, tienen una desventaja enorme, sobre todo a la hora de puntuar la calidad. Y es que no todo el mundo está capacitado para evaluar un vino. En parte, es una simple cuestión de experiencia: es difícil saber si un vino es bueno si nunca has probado los mejores vinos.


 

Esto se ve también a menudo en TripAdvisor, donde la gente da 5 estrellas a un buen restaurante de su localidad; pero si eso son 5 estrellas, ¿cuántas tendría una cena en El Celler de Can Roca?


 

En su mayor parte, lo importante es haber perfeccionado la capacidad de juzgar. Considerar con la mayor objetividad posible la calidad de un vino, más allá de la subjetividad del «me gusta», es un proceso que requiere práctica. Personalmente, yo sé que se me da mucho mejor ahora que hace 10 años, ya que llevo practicándolo muchos años.


 

Por tanto, sigo siendo escéptico, y cojo esta información ‘con pinzas’.


 

 

Libros de vino

Se han escrito libros sobre infinidad de aspectos diferentes del vino. Algunos ofrecen información sobre temas muy amplios del mundo del vino, como la vitivinicultura natural en Authentic Wine, de Jamie Goode y Sam Harrop, MW, o Wine Myths and Reality, de Ben Lewin, MW.


 

Libros como estos suelen estar respaldados por una sólida investigación y, si están bien escritos, son una buena forma para entender por qué los vinos son como son. Hace poco encontré Volcanic Wines, de John Szabo, MS, un libro magnífico para entender esta nueva tendencia en terroir.


 

De la misma forma, los libros sobre vinos de regiones o países concretos —quizá el tipo más común de libros sobre vinos— pueden contener mucha información sobre la geografía, el clima, las variedades de uva, las denominaciones y las prácticas de vinificación que explican por qué en esas regiones se encuentran estilos particulares de vinos.


 

La serie Classic Wine Library del editor Mitchell Beazley fue una mina para mis estudios sobre el vino. Por ejemplo, en The Wines of Greece, de Konstantinos Lazarakis, MW, encontré todo lo que necesitaba saber para responder a una pregunta sobre la uva savatiano¹. Muchos de ellos, como The Wines of Greece, están sacando segundas ediciones actualizadas.


 

Inevitablemente, esas guías pueden apuntar a productores generalmente buenos, pero no suelen incluir recomendaciones de vinos y añadas concretas que ayuden a la gente a comprar hoy. Además, pueden quedar desfasadas si tratan sobre regiones donde están cambiando mucho las cosas, como Sudáfrica o incluso el renacimiento que se está produciendo en España más allá de La Rioja y la Ribera del Duero.


 

Por último, aunque hay textos con una temática amplia, como el inestimable Atlas mundial del vino creado por Hugh Johnson, normalmente tienen un alcance más limitado —por ejemplo, Burdeos o Borgoña—, lo que significa que habrá que comprar y leer muchos libros para tener una perspectiva más global. También puede ser difícil saber por dónde empezar, aunque también hay un montón de libros para principiantes del tipo «qué es el vino».

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¹Savatiano es una variedad de uva blanca originaria del Ática (Grecia), concretamente es la base del retsina, que se mezcla con una minoría de roditis y resina de pino, si es uno bueno. 

 

 

 

Guías de vinos

El otro tipo fundamental de libros sobre vinos es la guía anual de vinos que evalúa una plétora de vinos de distintas bodegas (normalmente centrada en una región o país). Son excelentes para tener una visión detallada de los vinos que se pueden encontrar en el mercado y ayudarnos a tomar mejores decisiones de compra. Como se centran en una región, ofrecen una visión mucho más completa de las bodegas, no solo las más comunes, y nos permiten hacernos una idea de la calidad relativa.


 

Naturalmente, el inconveniente es que son solo una instantánea de un año concreto y pueden no reflejar bien la trayectoria general. Además, suelen depender de qué fabricantes deciden presentar vinos para su valoración y de qué vinos envían para su degustación.


 

Cuando recorría Francia, pronto me di cuenta de lo extendida que estaba la Guide Hachette des Vins y compré varias ediciones durante varios años, aunque Bettane et Dessauve puede que sea igual de famosa. De la misma forma, para orientarme en España me resultó útil la Guía Peñín.


 

Los Tre Bicchieri (3 copas) que otorgan los jueces de Gambero Rosso son muy codiciados por los vinicultores italianos. En Alemania es la Gault-Millau; en Australia, el Wine Companion, de James Halliday, y en Sudáfrica, la Platter's Guide.


 

 

Libros de texto

Por último están, por supuesto, los libros de texto académicos y las obras de referencia que generalmente tratan sobre la vinicultura y la viticultura: el «porqué» último del vino.


 

Libros como Wine Science, de Ronald Jackson, General Viticulture, de Winkler et al., o textos exhaustivamente detallados como Wine Chemistry, de Yair Margolit, junto con obras de referencia como la definitiva Wine Grapes, de Vouillamoz, Robinson y Harding, proporcionan información supertécnica al ávido buscador de conocimientos.


 

Para la mayoría de los amantes del vino quizá sean menos relevantes y útiles que los libros sobre regiones o estilos, y puede resultar duro sentarse solo a leer y empaparse de conocimientos. Así que solo se los recomendaría a los auténticos estudiosos del vino.


 

En cualquier caso, da igual que sean fuentes online u offline, autoridades reconocidas o nuevas voces de la literatura del vino, palabras o imágenes: el mayor inconveniente de todas estas fuentes es que no pueden ofrecer la experiencia más importante para el aprendizaje, que es la que da el catar y beber vinos. Próximamente, ¡la parte práctica!

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