SINGULARIDAD TERRITORIAL

Pasaporte de calidad

Lejos de cifras, listados y argumentarios, lo que sigue es una somera aproximación al contexto histórico y filosófico que se esconde tras la singularidad territorial en el vino. Como veremos, una realidad innegable.



 

Necesidades puntuales y visiones largo-placistas modelaron una suerte de protectorado de la tierra; una afirmación del orgullo y la distinción, que descansa en lo mejor de cada región, de cada finca, de cada parcela. Una huella indeleble cuyas partes conforman un todo identitario que nos proyecta al mundo.



 

Egipcios, griegos y romanos ya consignaban vides y bodegueros tras cada ánfora. Una identificación autoral para distinguirse de imitaciones y demás gruesas mediocridades de la época. Pero si atendemos al concepto Denominación de Origen como sujeto debemos posar nuestros pies en suelo europeo. Más en concreto, en el espíritu alemán que viste al romanticismo del s. XIX.



 

Pasión, verdad y totalidad. El axioma Sturm und Drang alemán por excelencia precede a la creación de las DO: Frente a la oscuridad del nuevo paradigma, derivado de la revolución industrial (ciudades grises y entes grises), el romanticismo alemán se expresa desde el arraigo y el amor a la naturaleza y la vida rural en contraposición a la aventura del progreso.



 

La herencia de este nuevo modo idealista de entender la vida fue recogida por el francés Jean Anthelme Brillat-Savarin, a quien se le atribuye la filosofía del origen y las prácticas culturales para con el entorno, como garantía de calidad.

 

Es interesante poner el foco en su libro Fisiología del Gusto, en el que llega a la conclusión de que ‘Un pueblo es lo que come y bebe’.



 

Alicante, el origen de un orden. La Junta d’Hinibició del Vi Foraster d’Alacant, creada en 1510 por Fernando II tenía como objeto defender los intereses de los vinos de Alicante; los por entonces afamados Alikant tint y fondillon, frente a imitaciones.



 

Poco después, Burdeos y el Medoc adquirieron el mismo concepto de tipicidad y territorio, constituyendo la primera DO francesa; doctrina de la protección del territorio afianzada por el duque italiano Cosme III de Medici, quien inventaba y delimitaba en 1716, un nuevo dominio vitivinícola conocido como Toscana, y con Florencia como su capital. Un edicto que definía las prácticas para con las vides y vinos de la región.


 

Un método de definición de la tipología de un producto, que obliga a elaborarlo según procesos concretos y en un origen determinado. La champaña francesa hizo suyo el nuevo axioma creando la certificación méthode champenoise.



 

Las normas emitidas desde Alicante, Chianti, la Champaña y Oporto pretendían defender la calidad, el origen y la personalidad de sus productos.



 

Así, muy pronto, los principales países elaboradores de vino siguieron el camino para diferenciarse y labrarse un nuevo nombre en un nuevo universo vino que requería de un nuevo orden.

 

 

 

 

Hoy, Familia Torres está presente en las más distintivas zonas vitivinícolas españolas, con regulaciones propias que permiten a los amantes del vino disfrutar de él con garantías. Priorat, con el expectante proyecto de Mas de La Rosa, o Ribera del Duero, con el ya consolidado proyecto Pago del Cielo, son apuestas muy interesantes que transmiten la esencia de estas zonas.


 

Como proyección de esta idea, la expresión de un territorio donde existen diferentes acentos y singularidades, cabe incluso prestar más atención en su ampelografía concreta, selecta y cuidada. Ahondar en estas particularidades refuerza, aún más, el reconocimiento de calidad.


 

La calidad como pasaporte, la tradición como estandarte y la tierra como espejo emocional donde reflejarnos.

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