PRIORAT O LAS PUERTAS DEL CIELO

Conocer el pasado para entender el presente

Que el antiguo Priorat histórico coincida, en su delimitación geográfica, con el actual territorio que ocupa la DOQ Priorat no es más que la presencia tangible de la huella de un pasado que define, hoy, la cultura y el estatus de los vinos de esta comarca de la antigua Tarraconensis romana.

 

Esta tierra siempre albergó vides y cultivos leñosos al abrigo y abrazo del Mediterráneo. Sin embargo, no podemos entender el actual paradigma vitivinícola del Priorat sin conocer su pasado, ya que en pocos lugares como en esta tierra el devenir de los acontecimientos históricos quedó marcado por siempre, llegando a nuestros días.


 

Llamando a las puertas del cielo, escala mediante

Así, el destino del Priorat queda ligado irremisiblemente a la propia Reconquista cristiana en los albores del año 1162. Fue entonces cuando Alfonso el Casto, rey de Aragón, cedió el terreno a los cartujanos, quienes erigieron la primera cartuja del estado¹, Scala Dei en 1194.


 

La relación entre el vino y los cartujanos puede definirse como simbiótica o del todo natural, si se prefiere. La orden, creada por San Bruno, siempre tuvo una profunda vinculación con la viticultura que trascendía a la mera liturgia. Así, el clamor popular de los habitantes de la comarca adscritos a las tierras de la nueva cartuja y la necesidad de un producto para comerciar, supusieron el punto de inflexión material en el desarrollo de la vid y su cultura en el Priorat.

 

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¹Cabe destacar que la creación de Scala Dei (escalera de dios) es anterior a las primeras cartujas de la Borgoña en Beaune y Dijon.

 

Uvas garnacha, cariñena y syrah, respectivamente, cultivadas en la finca de El Lloar (DOQ Priorat, Familia Torres)

 

Pronto, los monjes cultivaron las dos variedades por excelencia del Priorat, la garnacha y la cariñena, que siervos, escuderos y caballeros traían en sus alforjas desde Aragón, en forma sarmientos y esquejes para vestir de personalidad la viña. En los viñedos alejados del complejo cartujano, las cuadrillas de trabajo mezclaban hombres de campo y monjes por igual, siempre bajo el mando del procurador, una suerte de jefe de cuadrilla, que también hacía las veces de encargado de bodega.

 

 

El paleozoico en nuestras copas: el suelo

El Priorat disfruta (y padece) de un clima mediterráneo, pero de influencia continental en su vertiente más occidental. Aquí los inviernos son templados a la luz del día, pero las bajas temperaturas cobran una nueva dimensión por las noches. Por el contrario, los veranos son muy cálidos y secos. La ‘marinada’, el viento procedente del mar sopla fresco y húmedo, atemperando las horas de mayor insolación.

 

Suelo de piedra licorella en la finca del Lloar (DOQ Priorat, propiedad de Familia Torres)

 

Si algo define la personalidad reconocida de los vinos del Priorat es el propio suelo que acuna las vides: la licorella (pizarra).


 

El anfiteatro que es la comarca se asoma a la fosa tectónica de Móra d’Ebre y, abierta al este, a la sierra prelitoral. Es aquí donde la sierra encuentra una abertura en su mitad, custodia del secreto que define a la singularidad de los vinos del Priorat. La pizarra o licorella, piedra de origen paleozoico.


 

LA DOQ Priorat: de pendientes y terrazas imposibles

 

Aquí, la orografía obliga a cultivar en pendientes pronunciadas que hacen necesarias la creación de las singulares terrazas propias del paisaje del Priorat. Algunas son tan estrechas que imposibilita el cultivo de más de dos hileras de vides; hecho que hace imposible la mecanización del trabajo de laboreo y vendimia.

 

Vista de las terrazas desde la bodega de la familia Torres en El Lloar (Priorat)

 

Sin embargo, como subraya Joan C. Martín en su obra Pasión por el Vino (Ed. Hedonismos): “La aportación foránea fue más cultural que vitícola, pues enseñó a relacionarse con las especies propias de una manera que solo era posible con la exigencia que pedían las nuevas viníferas.”


 

El estilo que ha catapultado al Priorat como denominación de origen cualificada descansa en la firmeza y elegancia de sus tintos: ricos y especiados, expresivos y aromáticos en nariz, tersos y aterciopelados en boca.'

 

La familia Torres continua del legado cartujano en la coqueta pero excelsa bodega del Lloar, donde Perpetual, Salmos y el naturalmente dulce Secret del Priorat duermen el sueño de los justos, añada tras añada, para despertar en las copas de los amantes del vino más exigentes.

 

Salmos, Perpetual y Secret de Priorat (Familia Torres)

 

Tres referencias imperdibles que embotellan toda la experiencia atesorada en los últimos treinta años de continuo trabajo y querencia por obtener el mayor potencial de esta tierra que nada regala pero que todo lo puede.

 

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