RIESGOS CLIMÁTICOS PARA LA VID

El llanto de la naturaleza

Los desastres climáticos vuelven a poner el foco en lo impredecible de la naturaleza y en lo imperante de un consenso mundial para reducir la huella antropogénica que acelera las consecuencias de un cambio climático evidente e irreversible. 



 

Porque la vid es especialmente sensible a multitud de alteraciones del clima, los países elaboradores corremos el riesgo de ver cambiado por completo, no solo el mapa de variedades, sino la orografía y los paisajes de nuestro entorno. Y con ello, las prácticas culturales hacia la viticultura.


 

Las Heladas

Cuando las temperaturas descienden a valores próximos a 0º, bien sea por entradas de aire frío o por la inversión térmica, se da la helada blanca. Es la más común y congela la escarcha de la superficie de la cepa, pudiéndola llegar a dañar. El aire frío se mantiene en las capas más bajas de la atmósfera, toca el suelo y desplaza el aire caliente a zonas elevadas. 

 

Heladas en la finca de Fransola (Penedès superior) a finales de abril de este año, llegando en algunos momentos por debajo de los 0º.

 

A temperaturas por debajo de 0º, la congelación del agua llega al interior de la planta, quemando sus tejidos vegetales. Ésta es más temida y se la conoce como helada negra. 


 

El Granizo

Las temidas tormentas de piedra sean, quizás, el llanto de la naturaleza más temido por todo tipo de agricultura. Porque más allá de una repentina acumulación de agua, esta inclemencia produce daños físicos a las plantas y sus frutos.

El granizo afectó de una forma importante la finca de St. Miquel (Tremp) el pasado mes de Junio. Sin embargo, las mallas antigranizo protegieron con eficacia las cepas y afortunadamente las uvas no resultaron afectadas.

 

Se producen roturas vegetales y de sarmientos, quedando heridas abiertas que, convertidas en cicatrices, pueden afectar, a su vez, a las cosechas venideras. Es por ello por lo que, cuando éstas se prevén, se trata de proteger el viñedo con redes que minimizan el impacto.


 

El Viento 

Los viñedos que por su ubicación se encuentran más expuestos a fuertes rachas de viento, pueden padecer un estrés severo debido a la pérdida de follaje, rotura de sarmientos y al cierre de los estomas que hace que la planta deje de transpirar. Como consecuencia, el crecimiento y el vigor de la planta serán menores, se producirá una desactivación de la fotosíntesis y posibles desequilibrios en la floración. 

 

Hoy, los árboles siguen siendo el corta vientos natural de mayor eficacia. Imagen de las Rías Baixas (Galicia).

 

Lluvias torrenciales e Inundaciones

Aquello necesario, en exceso, es perverso. Campos y viñedos anegados de agua que, cuanto menos, afectan al equilibrio productivo de las plantas. Recientemente, nuestra finca de Milmanda (DO Conca de Barberà) ha sido testigo de los estragos tras las inundaciones en la comarca, que se llevó consigo a la bodega Rendé Masdeu, con quien nos solidarizamos y, también desde estas líneas, mandamos nuestro apoyo.

Daños producidos por las lluvias torrenciales del pasado mes de octubre en Milmanda (Conca de Barberà), donde la intensidad del agua ha dejado los accesos a la finca en muy mal estado, y también ha arrancado algunas cepas de las parcelas más próximas al rio.

 

 

El tipo de suelo, su calidad o su capacidad de drenaje pueden mitigar los efectos del exceso de agua que, especialmente en primavera, se convierte en el caldo de cultivo para diferentes enfermedades fúngicas. 

 

 

Sequía y exceso de calor

El llanto seco. Un prolongado déficit de agua comporta un estrés hídrico que afecta la calidad del fruto y el rendimiento de la vid. Pero cuando a la sequía se le unen las altas temperaturas, el peligro se acentúa. A temperaturas próximas a los 40º, uvas y hojas se secan. 

 

A finales del pasado junio se registraron temperaturas por encima de los 40ºC en fincas como el Aranyó (Costers del Segre) que, añadido a la baja humedad, se observó deshidratación en algún caso y marchitez de uvas, necrosis y quemaduras.

 

De entre las consecuencias más frecuentes, las quemaduras por el sol en las bayas son especialmente dañinas, ya que destruyen aromas y polifenoles, se acentúa el desequilibrio fenólico y salen a la luz sabores amargos en el vino.


 

En las viñas de la Familia Torres más susceptibles a los efectos de la sequía, se cultivan variedades ancestrales que se han mostrado más resistentes a la sequía.


 

Es lo impredecible de estos riesgos lo que los hace de difícil contrarrestar. No hay defensa ante el grito del planeta. Por ello, la prevención se antoja imprescindible para paliar, en la medida de nuestras posibilidades, los efectos de un cambio climático galopante y que amenaza con un punto de no retorno a la vuelta de la esquina. 

 

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