Megaincendios, causa y efecto del cambio climático

Por Jose Luis Gallego. Divulgador ambiental (@ecogallego)

Una de las funciones más importantes y menos valoradas de los viñedos en la naturaleza es la de actuar como eficaces cortafuegos.

 

En la región mediterránea, donde el cultivo de la vid se lleva a cabo muy a menudo en entornos forestales, las viñas detienen el avance de las llamas en caso de incendio forestal, interviniendo como salvavidas del bosque y salvaguardando el paisaje. 

 

 

Viñedos, propiedad de la Familia Torres, rodeados de bosques

Viñedos, propiedad de la Familia Torres, rodeados de bosques

 

 

Sin embargo, las circunstancias propiciadas por el calentamiento global, que en esta región y en otras del clima mediterráneo se caracterizan por un notable aumento de las temperaturas medias y un avance de la desertificación, están propiciando la aparición de una nueva generación de incendios capaces de superar todo cortafuegos.

 

Los expertos en gestión de incendios llevan años anunciando que la crisis climática está propiciando la aparición de un nuevo tipo de incendio forestal. Un incendio de nueva generación: mucho más virulento, con mayor intensidad energética y por lo tanto más devastador. Se trata de los denominados megaincendios climáticos: unos graves siniestros capaces de arrasar medio millón de hectáreas en apenas unos días, destruyendo pueblos y ciudades enteras y poniendo en riesgo a miles de personas.

 

Los hemos visto arrasar comarcas enteras en Australia, California, Portugal o Chile. En los últimos cinco años han calcinado millones de hectáreas de bosque y quemado miles de viviendas y edificios de todo tipo desde Patagonia hasta Siberia, donde mientras escribo estas líneas siguen activos varios incendios. Y lo peor de todo: han causado un alto número de víctimas.

 

 

Un helicóptero realizando tareas de exterminación de un incendio en un entorno montañoso

Un helicóptero realizando tareas de exterminación de un incendio en un entorno montañoso

 

 

La causa principal de los megaincendios climáticos (así han pasado a denominarse) es el aumento de las temperaturas y del estrés hídrico como consecuencia de la crisis climática está afectando gravemente a la superficie forestal de todo el planeta, por lo que la piel de la tierra se hace cada vez más vulnerable a las llamas.

 

Pero además de la inmensa tragedia que supone la pérdida de vidas humanas y la destrucción de poblaciones enteras, más allá del desastre ecológico y la alta pérdida de biodiversidad que genera un megaincendio y de la enorme cicatriz que deja en el paisaje, los científicos que estudian su evolución informan de otra grave consecuencia provocada por el humo.

 

Junto a las enormes cantidades de CO2 que se liberan durante un incendio forestal -unas emisiones consideradas neutras en el balance total al tratarse de un CO2 que el árbol había capturado y fijado previamente en su estructura- las inmensas columnas de humo que se generan durante los incendios vienen a agravar los efectos negativos de la crisis climática en la región afectada. 

 

La revista científica Geophysical Research Letters publicaba hace un tiempo un informe de la agencia espacial estadounidense (NASA) en él se determinaba que el humo de los incendios forestales motiva una mayor escasez de lluvias en las áreas arrasadas por las llamas, circunstancia que provoca a su vez que el fuego adquiera mayor intensidad y se propague con mayor capacidad de destrucción por el desecamiento de la vegetación.

 

Según los investigadores, cuando el humo llega a la atmósfera se infiltra en las nubes e impide que se desencadenan los procesos naturales que dan lugar a la lluvia. La comprobación de este fenómeno ha permitido catalogar a los megaincendios como causa además del efecto de la crisis climática, amplificando las secuelas de esta catástrofe natural. 

 

Uno de los ejemplos más claros de esa relación causa/efecto es la intensa sequía que se dio en Indonesia tras los grandes incendios que arrasaron más de un millón y medio de hectáreas de selva el año pasado.

 

Los resultados de los estudios llevados a cabo sobre las alteraciones de la meteorología tras dichos incendios han concluido que las altas concentraciones de humo habían generado la formación de las denominadas “nubes estériles” que impiden de manera directa la lluvia y son la causa principal de la grave sequía que sufre el país desde entonces.

 

La situación es tan grave que las autoridades del país se están viendo ahora obligadas a recurrir a la lluvia artificial en uno de los lugares tradicionalmente más lluviosos de todo el sudeste asiático.

 

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