CARIÑENA

Calidez varietal para días de invierno

La expresión varietal de la cariñena transita por un sendero de texturas carnosas y una calidez de amplitud mayúscula que reconforta alma y paladar. Abrigo para el espíritu en fríos días de invierno.

 

‘Mazuelo’ en La Rioja, ‘crujillón’ en ciertas partes de Aragón, ‘samsó’ en Catalunya o ‘pinot de évora’ en Portugal. Son algunas de las sinonimias de la cariñena. Su nombre incita a pensar que su origen procede de la población homónima de Cariñena (Aragón), conocida tierra de vides y reconocida desde tiempos del Imperio Romano.

 

Uva cariñena en los viñedos de El Lloar (DOC Priorat) en época de vendimia.

 

 

 

Sea como fuere, nos hallamos ante una de las variedades del viñedo europeo más antiguas de las que se tiene constancia. Atendiendo a sus particularidades y características es comprensible el porqué de su éxito a través de los siglos:


 

La cariñena exige condiciones de poca producción para regalarnos lo mejor de sí. Ante la demanda de altos rendimientos acusa falta de pigmento, cierta acidez y un rastro de amargor.  Por el contrario, cuando se desarrolla en suelos más bien pobres, finos y poco productivos, la variedad renace completa y perfecta, ofreciendo vinos de pigmentación intensa y un sutil, pero permanente, recuerdo floral de violetas.

 

 

Suelos de licorella en los viñedos de El Lloar (DOC Priorat)

 

 

Cuando actúa como monovarietal, la cariñena asienta su personalidad en la carnosidad aterciopelada y en su riqueza de alcohol natural, haciendo del paso por boca una experiencia tangible, material, táctil. Reconfortante.



 

Sin embargo, es en compañía de la garnacha cuando surge la magia. Una simbiosis que ha devenido en uno de los coupages por antonomasia del arco mediterráneo. Un nacer para entenderse, perderse y reencontrarse después. El beso eterno de dos damas tintas.



 

Cariñena-garnacha; garnacha-cariñena. Juntas, acentúan la profundidad abisal cromática; un universo de fruta negra madura que juega a devolvernos la primavera con matices florales de violáceo transitar.

 

 

‘Terrazas’ en los viñedos de El Lloar (DOC Priorat)

 

Es en el Priorat donde, quizás, esta pareja exhibe su versión definitiva y que hace de nuestros vinos algo excepcional. Salmos y Perpetual (DOC Priorat) son herederos de la cultura milenaria de la vid de la comarca; expresiones vivas del binomio varietal que, originadas en viejas cepas de escaso rendimiento, ofrecen la garantía, añada tras añada, de calidad superior.


 

Grans Muralles (DO Conca de Barberà) o Purgatori (DO Costers del Segre), son otros iconos de Familia Torres que también visten de cariñena a sus coupages. Viejos y nuevos clásicos que mantienen y realzan, de forma contrastada, el buen nombre a nuestra bodega.


 

Esencial en nuestro jardín ampelográfico, la cariñena ejerce de facilitador de identidad y calidad a partes iguales. Como única regente o bien en alquímico assemblage con la garnacha, la calidez varietal de la cariñena nos abriga cuerpo y espíritu, invierno mediante.

 

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