CABERNET SAUVIGNON

La estética viajera de la vid

 

La noble dama del Medoc goza de una gran reputación histórica. No en vano, los principales varietales del universo vinícola participan de su esencia y personalidad para vestir sus mejores etiquetas.



 

Alma de blues y carretera, espíritu viajero y raíces que se entierran en lo profundo de la historia. Una melodía varietal que resuena en los ecos de las copas y cálices desde Plinio¹, cuando aparentemente también se la conocía como biturica.


 

Lejos de la mera leyenda y la literatura cómodamente asentada en el inconsciente colectivo del amante del vino, las razones que exhibe la cabernet sauvignon para reivindicarse se asientan sobre sólidos argumentos: hallamos en su fisiología, quizás, parte de lo que permite a la variedad adaptarse a diferentes tipos de climas, contextos orográficos y geográficos: de desborre tardío, evita las temidas heladas primaverales. Las bayas son de piel gruesa y poseedoras de una ratio piel-pulpa elevada, así como ser resistentes a la podredumbre y los insectos.

 

Cabernet Sauvignon, en la finca Mas La Plana (DO Penedès), propiedad de Familia Torres, en época de vendimia.

 

 

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¹Gayo Plinio Segundo - Escritor, científico, naturalista y militar latino (23-79 dc)

 

 

De este modo, la cabernet sauvignon parte de la vieja Europa para extender su influencia por el Nuevo Mundo, Sudáfrica y Oceanía; perfilándose con diferentes acentos organolépticos. El paradigma varietal coincide en bajos rendimientos, vinos tánicos de cuerpo cincelado, elegante, erguido y una elevada acidez. Vinos que abrazan el letargo del roble y la soledad de la reducción compleja en botella.


 

Sin embargo, existen ciertos sabores distintivos comunes a todos los perfiles de la variedad que varían de manera sutil en función de los rigores climáticos:



 

Los sabores clásicos de la cabernet orbitan sobre un manto de grosella negra fresca (climas templados) que tornan en cereza y mermelada de grosella (climas cálidos). En las regiones más frescas las notas de grosella balancean en equilibrio con un punto verde de recuerdo a pimiento, menta y cedro; eucalipto y mentol.

 

 

Sala de vinificación Mas La Plana (Pacs del Penedès), propiedad de Familia Torres.

 

Lo que se significa como axiomático es que la cabernet sauvignon busca la madera para ofrecernos su mejor y más compleja versión. La magia de un beso de 12 a 24 meses de roble nuevo y la lenta maduración en botella acentuará la magnificencia estructural, sin excesos, taninos elegantes y aromáticos, sensuales y una distintiva elegancia de porte aristocrático.


 

Hoy, Mas La Plana; la finca, sus parcelas y el vino, es heredero de la mejor tradición enológica fruto de la experimentación y la experiencia. Un entendimiento de la entropía varietal que nos ha llevado a identificar sutiles diferencias entre parcelas lindantes que enriquecen y dotan de identidad a cada añada de un vino que ha trascendido tiempo y fronteras.

 

Finca Mas La Plana (DO Penedès), propiedad de Familia Torres, en actual época de brotación.

 

 

Mas La Plana se erige desde un paladar aterciopelado, de tanino cálido y sugerente que parece hacer las veces de ligazón entre la fruta negra madura, las especias del roble y un abrazo final de regaliz y trufa que conquista y deja con ganas de más.



 

De Burdeos al mundo. Hoy, la cabernet sauvignon no posee dueño ni feudo. Un bien cultural compartido de distintos perfiles y profundidades.

 

 

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