LA VENDIMIA

MATERIA Y CORAZÓN

Tiempo de vendimia. Las diferentes fincas de Familia Torres son un hervidero de acción coreografiada. Vid y humanidad se miran a los ojos. Se conocen y se reconocen. 


 

Un renacer anual celebra la madurez plena de las bayas que, ahora uvas, lucen exuberantes, de una belleza vital que viste viñedos de un variado cromatismo varietal; arcoíris terrenal presto a devenir vino, embotellando esencias y particularidades, siempre únicas, de cada añada, de cada finca, de cada parcela.


 

Sea la vendimia, quizás, uno de esos momentos y contexto en el que naturaleza y ser humano culminan su estrecho vínculo. Materia y corazón. Una simbiosis que descansa en el respeto y el esfuerzo, en la experiencia atávica de los miles de años de viticultura que nos contemplan. La cultura de la vid como medio para fundirse con la tierra. 

 

Racimos de chardonnay vendimiados en la finca de Milmanda (DO Conca de Barberà), propiedad de Familia Torres.

 

 

Pero la vendimia, sin embargo, comienza antes. Durante la madurez de las uvas, viticultores y enólogos necesitan de recurrir a precisos análisis para conocer el grado de evolución del fruto: la carga de azúcar, el equilibrio de acidez, la madurez del hollejo… son parámetros de vital importancia para determinar la fecha perfecta para la vendimia. Clima, climatología anual y perfil varietal son algunos de los principales agentes que contribuyen a lo heterogéneo del calendario.


 

La vendimia manual permanece arraigada, amén de mostrarse como único método en las terrazas imposibles de Mas de la Rosa (Porrera, DOQ Priorat).

 

Racimo maduro en la desafiante finca de Mas de la Rosa (Porrera, DOQ Priorat), propiedad de Familia Torres.

 

 

Al alba, los pies de valerosos hombres y mujeres hunden los pies en el barro, tijera de vendimia en mano y capazo a la vera. Da inicio una suerte de danza, una coreografía en la que los racimos son protagonistas. 



 

En los días de calor, vendimiar de noche es un regalo para el alma y una caricia para la piel. Bajo el cielo estrellado como testigo, también las uvas parecen beneficiarse del abrazo nocturno, de la menor temperatura, factor decisivo para contener aroma y evitar fermentaciones espontáneas indeseadas debido a la canícula excesiva estival, de camino a la bodega.


 

La poética de la tierra se expresa en la vendimia y deviene tangible en manos de nuestra gente a pie de viña. Porque el sendero del vino empieza aquí y ahora. 

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