Fermí Ferré

Responsable de las fincas DOQ Priorat y DO Montsant

Con más de un cuarto de siglo entregado a su labor en Familia Torres y toda una vida consagrada a la tierra y sus frutos, Fermí es el paradigma de hombre con raíces y valores como robles. Sacude la normalidad desde su vida a contracorriente. Una sabia complejidad adquirida en mil experiencias, todas para con el vino y la tierra. Esta es su historia.


 

Nacido en La Selva del Camp (Tarragona), la infancia de Fermí transitó entre capazos de avellanas, vides y olivos. Cultivos todos, propios de la comarca. Pero a la tradición familiar pronto se sumaría la figura de un visionario tutor: “Estudié viticultura y enología en Falset empujado por mis padres y mi tutor de 8º de EGB (en aquellos años eran unos estudios muy poco conocidos). Unos años después en combinación con el trabajo ya en Familia Torres, estudié en la Universidad Rovira i virgili.”

 

 

“Recuerdo el viñedo al que llamábamos Suru. Recuerdo la vendimia, el contacto con la tierra. El trabajo en el campo los fines de semana y los veranos crean un vínculo especial que te acompaña siempre”

 

Fermí Ferré nos enseña la importancia de saber cómo podar la vid, en la finca de El Mas de la Rosa (DOQ Priorat), propiedad de Familia Torres

 

 

Para completar una visión cenital de su formación, Fermí se inició en el laboratorio, para después adquirir el rol de enólogo en 1992 y hasta el año 1999. Pero la tierra llama. Reclama lo que es suyo. Y la sangre lo siente. Así, entrado ya el nuevo siglo, Fermí acudió a la llamada del hogar.



 

“Decidí hacer un cambio de vida y volver a los orígenes para poner en marcha una finca desde cero. Cambié la enología por la viticultura, algo poco habitual. Poco después llegué a convertirme en el responsable de las fincas de Familia Torres en Priorat y Montsant. Mi hogar.”



 

La totalidad de las palabras de Fermí perfilan a un hombre que ama su día a día; que aprecia el regalo de un contexto ampelográfico vivo y cambiante con las estaciones: “Un momento muy especial para mí, es cuando da inicio el despertar de los primeros brotes a principios de abril. Desde ese momento y hasta el día de la vendimia no podemos dejar de observar.”


 

Todo detalle en la vid, todo ínfimo cambio, nos regala postales visuales que Fermí escudriña con ojos asombrados, como los de aquel infante que fue. “Me encantan los pequeños viñedos y sus tonalidades de otoño en el Priorat. Es un espectáculo visual.”



 

“Los años que se ha podido vendimiar bien, con una calidad excelente, es nuestra pequeña victoria.”



 

Respecto a sus gustos, Fermí admite su querencia por los vinos blancos de alma identitaria y cuerpo esbelto. Nada extraño en un tipo que recorrió el camino inverso, de la bodega a la tierra, y que, hacedor de cunas para tintos de profundidad abisal, pregona y se entrega al alma blanca de los vinos. Vinos que gusta de compartir con “amigos de mentes inquietas y paladares curiosos.”

 

 

Fermí Ferré, visiblemente orgulloso de volver a sus orígenes como responsable de fincas en Familia Torres en El Priorat.



 

Un hombre a contracorriente. La clase de persona que dota de personalidad a los viñedos que atiende y mima. Uno de los nuestros.

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