FAMILIA TORRES - EPISODIOS DE UNA VIDA (V)

Vanguardia, identidad y conciencia ecológica: la 5ª generación

Continuadores de la vanguardia y garantes de los valores de la bodega, la quinta generación de la familia Torres es la custodia de un legado excelso, que se sabe arraigado a la tierra y sustentado desde un atalaya de modernidad.

 

Miguel y Mireia Torres Maczassek: El futuro como reto, un legado como responsabilidad.

Miguel y Mireia son quienes hoy recogen el testimonio de cuatro generaciones de una familia entregada a la calidad de sus vinos y brandis presentes en más de ciento sesenta países. Son los responsables, hoy, de mantener el buen nombre de la bodega y la familia.

 

Miguel y Mireia Torres Maczassek, 5ª generación de Familia Torres.

 

Miguel encarna hoy el legado visionario, y de su mano, los vinos de la familia visten de las mejores denominaciones de origen del estado, convergiendo en la idea matriz de generar una simbiótica relación con la mejor gastronomía del planeta.

 

 

Elaboraciones muy cuidadas y limitadas, que buscan la verdadera expresión de las vides y su entorno, con el fin último de converger en la creación de una identidad definida.

 

 

Por su parte, Mireia Torres lidera proyectos como Esplendor de Vardon Kennett, el nombre propio que da forma al primer espumoso de la bodega, i que representa un paso adelante en el histórico vacío de la familia en este tipo de elaboraciones.

 

Esplendor de Vardon Kennett, maridado con tatín de mango, elaborado en La Vinoteca Torres (Barcelona)

 

 

Asimismo, Mireia lidera también una lista de proyectos de I+D+i, que tienen como objetivo la continuación del estudio de medidas no invasivas para con la viña y su adaptación a los efectos del cambio climático, así como tratamientos naturales ante nuevas plagas y potenciales peligros para la vid.

 

 

Del mismo modo, la continuación del proyecto de recuperación de variedades ancestrales iniciado por Miguel A. Torres, constituye uno de los principales pilares que sustentan una nueva manera de entender la vida y el vino, reforzado tanto por Miguel como por Mireia.

 

De Izqda. a Dcha., Miguel y Mireia Torres, durante la cata de variedades ancestrales realizada durante la edición de Alimentaria2018. Jardín ampelográfico en la finca de Mas Rabell (Penedès). Racimo de la variedad pirene, cultivada en el pre-Pirineo catalán.

 

 

 

De nuevo, una suerte de convergencia que nos conecta con un atavismo que creíamos perdido y que hoy nos redefine como territorio, dotando de una singularidad en los vinos, referenciándose como únicos en un mundo cada vez más homogéneo en sus gustos, auspiciado por un paladar global.

 

 

 

Así, el patrimonio material que albergan las vides, más allá de suponer puntos de interés en líneas orográficas, afianza el tejido cultural y material del territorio. Ecos de piedra y alma que dibujan la historia y la relación entre el desarrollo de una sociedad rendida a la viticultura y sus gentes.

 

 

Ermitas, castillos, márgenes, caminos y fuentes; asentamientos íberos, fenicios griegos y romanos salpican nuestro territorio a modo de huellas imperecederas que la familia se ocupa de salvaguardar y hacerlas accesibles al público que busca un enoturismo inclusivo, natural y diverso.

 

Bodega Purgatori, adquirida (1999) y reconstruida (2018) por la 5ª generación para rendir homenaje a la historia viva de la finca que hospedó a los monjes de la abadía de Montserrat en el s.XVIII, y donde se elabora el vino homónimo.

 

Familia Torres se ha significado como un motor incuestionable del tejido industrial catalán y del propio planeta Vino. Hoy, la quinta generación mira al futuro consciente de los retos venideros, pero sabedora que los pasos andados por sus antecesores afianzan el sendero.

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