FAMILIA TORRES: EPISODIOS DE UNA VIDA (IV)

París 1979: El mundo nos mira

Miguel A. Torres Riera. Casi cinco décadas de experiencia, continua reinvención y sobre todo, grandes satisfacciones. Pero su historia en la bodega no fue nada fácil: Un padre carismático, exitoso y atención a los detalles, estudios en el extranjero y, finalmente, el vino que lo cambiaría todo…

 

El fantástico desarrollo de la bodega llevado a cabo por Miguel Torres Carbó allanaría el camino a su hijo y actual presidente Miguel A. Torres Riera, para, desde una posición innovadora y atrevida, hacer de los vinos de la Familia Torres lo que son hoy: paradigma de calidad, respeto por la tierra y vanguardia enológica.


 

El año: 1979.

El vino: Gran Coronas Etiqueta Negra.

El lugar: París

 

Hace cuatro décadas, Miguel A. Torres proyectó la génesis de un vino diferente, arriesgado, y que suponía un paso adelante en la estanca tradición enológica del país: Mas La Plana. Cabernet sauvignon vestido de negro y contenido en botella borgoñesa.

 

Finca Mas La Plana (Pacs del Penedès)

 

Si bien el nacimiento de Mas La Plana puede ser considerado algo arriesgado y definitivamente adelantado a su tiempo, el largo camino recorrido lo ha convertido en el perfecto embajador de los valores e ideales de la familia Torres, y máximo exponente de una viticultura metódica, respetuosa y apasionada.



 

De este modo, Miguel A. Torres quiso dar forma al fruto de las cepas de cabernet sauvignon que plantó en 1966 en la finca homónima de Mas La Plana, revolucionando el panorama vitivinícola español. ¿Qué otro resultado cabría esperar? Por supuesto, ninguno que causara indiferencia…


 

Fueron muy pocos los que confiaron en ese proyecto, incluso su padre, Miguel Torres Carbó, mantuvo sus reservas y cierto recelo: "¿Cómo puede un cabernet español en botella borgoñesa ser un buen vino?”.


 

En 1979 y sin encontrar ningún consenso, padre e hijo optaron por presentar el polémico vino a la competición más prestigiosa de la época, la Olimpiada del Vino de París, organizada por la revista especializada Gault-Millau. El jurado dirimiría la controversia suscitada.

 

Imagen de la botella Mas La Plana 1970 y su resultado en 1ª posición en la Olimpiada del Vino de París (1979).

 

Sin embargo, nadie podía predecir que Mas La Plana 1970 superaría los cabernets más aclamados del mundo en un desenlace sorprendente que originó la leyenda de un vino que refleja de manera tangible, añada tras añada, la fuerza del idealismo y determinación de su creador. Desde aquella primera añada, Mas La Plana ha obtenido más reconocimientos internacionales que ningún otro vino español, convirtiéndose en una leyenda icónica que ha trascendido a su tiempo.


 

Hoy, Miguel A. Torres es la cara visible, no sólo de la bodega, sino de todo un sector que lo ha reconocido con multitud de premios y reconocimientos durante toda su trayectoria profesional. Toda una vida al lado de su esposa Waltraud Maczassek, su mejor apoyo.


 

Mas La Plana representa hoy el legado y el fruto de la experiencia de más de cuarenta añadas, cuyos orígenes transitan la frontera entre la historia y la leyenda. Y es que toda creación fruto de la voluntad de una personalidad inconformista tiende a causar controversia; la clase de creaciones que, incomprendidas pero necesarias, trascienden a su tiempo y nos hacen avanzar como civilización.

 

Sala de vinificación Mas La Plana (Pacs del Penedès)

 

 

Impulsor del programa Torres & Earth

En el año 2007, a raíz del documental de Al Gore, “Una verdad incómoda”, en el que se describe con meridiana claridad y de manera científica los estragos del cambio climático, Miguel A. Torres tomó consciencia real de la delicada situación de nuestro planeta. Fue en ese momento cuando tomó la decisión de iniciar un proyecto que persiguiera la mitigación de los efectos del calentamiento global de la Tierra y su consecuencia directa en la vid, así como un estudio para diseñar las medidas de adaptación ante ese nuevo contexto climático.

 

 

Entre los principales objetivos del programa se prioriza la reducción de las emisiones de CO2 por botella, la reducción del consumo energético, la garantía de la biodiversidad de nuestro entorno y el uso responsable del agua, entre otros, apostando de manera decidida por la innovación, en busca de un modelo de elaboración sostenible.


 

La conciencia ecológica de Miguel A. Torres le ha convertido en el mejor embajador que puede tener la tierra, la viña y el medio ambiente.



 

"Vivimos de la tierra. Vivimos por y para ella. Se lo debemos a las generaciones que aprendieron a escucharla, entenderla y respetarla. Nuestra tierra es un vínculo directo con estas generaciones: sin duda un gran legado, pero por encima de todo, un reto y una gran responsabilidad “

 

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