FAMILIA TORRES: EPISODIOS DE UNA VIDA (II)

La vuelta a casa: “Miguel, tenemos que hablar"

1870. Cuarenta mil duros en el bolsillo. Hora de volver a casa. Jaime Torres había hecho una fortuna tangible, material. Sin embargo, había aprendido algo mucho más valioso: las necesidades del incipiente mercado sur americano que podían ser satisfechas desde su hogar natal, y él sabía cómo hacerlo.


 

La tierra y la sangre llaman. Jaime Torres, con la ayuda de su hermano mayor, Miguel, heredero y experto conocedor de la viña y los trabajos del vino, podrían exportar y distribuir vinos del Penedès, primero en Cuba y después en Puerto Rico, Argentina y finalmente, por todo el continente. Era la hora del reencuentro. Jaime Torres volvía a casa y tenía un plan.


 

La estrategia se basaba en hacer envíos de vino de calidad, en envases seguros, bajo el respaldo de una nueva red comercial en destino, todo ello minimizando costes en transportes mediante acuerdos con armadores de las principales compañías navieras de la época. Un ejercicio de perseverancia y fe que no resultó nada sencillo.

 

Barricas de la bodega esperando a ser cargadas en uno de los barcos de la época.

 

 

La calle del Comercio de Vilafranca acogió a los almacenes con una capacidad total de ciento veinte mil hectolitros. De esta manera se formalizaba la creación de la ‘Casa Torres y Compañía, cosechero y exportadora de vino’. La bodega familiar acababa de nacer.



 

Poco después, se incorporaron a la empresa Antonio y Juan Torres Casals, sobrinos de Jaime e hijos de Miguel Torres Vendrell; figura clave en el futuro inmediato de la bodega. Juan se cuidaba, en un principio, del filtrado de los vinos, así como de gestionar el cada vez más numeroso personal de la bodega y el almacén.


 

Bajo los conocimientos de la tierra de Miguel Torres, la visión comercial de su hermano Jaime y la continua aportación del joven Juan, la empresa empezaba a brotar.

 

 

Uno de los primeros y principales almacenes de la bodega, al lado de la estación de tren.

 

Las exportaciones de vino con destino al continente americano eran de tal magnitud que diariamente en Vilafranca se veía circular el “tren Torres”, cargado de botas de vino con destino al puerto de Barcelona.



 

Juan Torres Casals (1865 - 1932). Infatigable luchador

Mucho más que un continuador, Juan Torres Casals fue un luchador. Hijo de tiempos convulsos, impulsó con ánimos renovadores y nuevas ideas a un sector por el que, a su familia, ya se le debía mucho.


 

Tras la muerte de su tío Jaime, en 1906, la empresa pasó a manos de su padre Miguel que poco después seguiría a la tumba a su hermano pequeño. De este modo, Juan se hizo con las participaciones de la familia y se hacía cargo de las responsabilidades de la bodega. El tiempo demostraría que ésta no podía estar en mejores manos.


 

Si su tío había conseguido su fortuna con diferentes negocios, Juan puso toda su energía y atención en un solo foco, la bodega familiar.



 

Juan Torres Casals tuvo que afrontar graves problemas de tipo empresarial y personal. En 1920 la crisis económica y social en Cuba como consecuencia de la guerra de independencia, que casi acaba con la capacidad crediticia de la bodega.

 

Juan Torres Casals en la Habana, Cuba (1923).

 

Doce años después, en 1932, moría con sesenta y siete años. "El celo, los cuidados de Juan quedaron enraizados en el prestigio de los vinos de las "tres torres ", apunta Luís Almerich, autor del libro conmemorativo del 75 aniversario de la bodega.


 

El legado que deja Juan Torres es de enorme valor: En 1907 registra la marca Coronas, superviviente hoy en día y en plena forma. En 1928 realiza con éxito las primeras destilaciones; los brandies de la bodega han visto la luz.


Botellas de la marca Coronas, que aún se conservan en el museo de la Familia, en Pacs del Penedès.

 

Es el inicio de un nuevo camino, de una nueva vida para la Familia Torres; pero los diferentes retos y dificultades que pendían en el horizonte pondrían en serias dificultades la supervivencia de la bodega en los años venideros. Maldita guerra…

 

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