Amenazas climáticas para la vid (II)

El granizo

Los efectos del cambio climático acentúan alteraciones habituales en el clima que pueden suponer daños importantes para la agricultura en general y para la vid en particular.

 

De entre las más dañinas se significa el granizo; que puede aparecer de manera temprana o tardía, pudiendo afectar a la cepa en cualquier estado de su ciclo biológico.

 

Efectos sobre la viña: granizo precoz, granizo tardío

En las zonas particularmente expuestas, y a partir del desborre (primeros de marzo), el granizo puede generar daños muy importantes. Las consecuencias para la vid varían en función de la época del año y del estado vegetativo de la planta.


 

Así, el granizo precoz hace acto de presencia entre finales de diciembre y marzo. Periodo que comprende desde el desborre hasta la floración.

 

  • En estos casos el granizo puede provocar un desprendimiento de los brotes más jóvenes, un corte en el nudo que afectará de modo potencial a todos los órganos vegetales de la cepa.

 

  • Las hojas y sarmientos quedan desgarrados y las inflorescencias sufren heridas muy graves.

 

  • Después del granizo, la planta rebrota a partir de las yemas sanas y tempranas; pero esta “segunda generación” presentará un retraso en su madurez fonológica de entre dos a cuatro semanas. Además, el nuevo follaje se mostrará más sensible a infecciones fúngicas.

 

  • La producción de uva sufrirá una disminución tanto en volumen como en calidad debido a la destrucción de inflorescencias, y, a una menor fertilidad de la segunda brotación. La calidad se verá afectada por la heterogeneidad de los racimos y el retraso vegetativo.


 

Los efectos del granizo tardío (entre abril y octubre) son tan graves para la vendimia como para la sanidad de la cepa, ya que en el peor de los casos pone en peligro la perennidad de la vid:

 

  • Hojas destrozadas: la menor superficie foliar afecta negativamente a la maduración y el agostamiento, especialmente en las variedades de ciclo largo.

 

  • Heridas en los pámpanos: Los daños producidos en los sarmientos y sus yemas, dificultan la poda y perjudican la producción del año siguiente. En cepas de 2 o 3 años si la madera está muy dañada se aconseja volverla a formar, con la pérdida de 1 o 2 años de producción.

 

  • Heridas en los racimos: En su cara más cruel, toda la cosecha puede quedar arruinada por una mala granizada, incluso afectando a la vendimia del año siguiente.


 

Como en el caso del granizo precoz, la vegetación rebrota pero esta segunda generación tiene un crecimiento limitado y un mal agostamiento; lo que dificulta la poda de invierno.


 

Los sarmientos y racimos dañados pueden ser pasto del temible “rot blanco”, una enfermedad que hace que las uvas presenten manchas lívidas de caprichosas formas concéntricas, recubiertas de pequeñas pústulas; para finalmente secar el fruto.



 

En busca de soluciones

A día de hoy, la tecnología no alcanza para establecer protocolos de prevención que tengan como objeto impedir la formación de cristales de hielo y que garanticen un mínimo grado de éxito.


 

Para los más entendidos en ciencias: el único método con fundamento científico es la manipulación de los núcleos de congelación por inseminación de la nube de granizo con yoduro de plata; aunque sin resultados favorables repetidos hasta la fecha.


 

Ergo ¿qué hacer? Además de contratar un buen seguro; el método más eficaz, cubrir de las parcelas mediante una malla anti-granizo; si bien no es la solución más práctica debido a su elevado coste de instalación y mantenimiento, sí que compensa cuando se protege una uva de muchísima calidad que destinamos a nuestros mejores vinos.

Sistema de mallas anti-granizo instalado en los viñedos de la Familia Torres en Tremp (Pre-Pirineo).

 

Por ello, a pesar de satélites de predicción meteorológica y otros avances tecnológicos de los que nos servimos; nos enorgullece de manera muy especial que nuestra gente, a pie de viña, siga mirando al cielo cada mañana; interpretando cada señal, sintiendo en su piel cada imperceptible cambio. Ciencia, al fin y al cabo, de la mano de la experiencia más humana.

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