Amenazas Climáticas para la Vid (I)

Las Heladas

La vid es una superviviente nata. Su enorme capacidad de adaptación la convierte en uno de los cultivos domésticos más antiguos de la historia en los cinco continentes. La conocemos, la respetamos y nos da lo mejor de sí.

 

Sin embargo, como cualquier ser vivo, la vid está a merced de las fuerzas de la madre naturaleza; quien concede del mismo modo que castiga, en forma de heladas, vientos, lluvias torrenciales y granizo.

 

Frío extremo: Las Heladas

Salvo en verano, las heladas se pueden producir a lo largo del resto de las estaciones; si bien las consecuencias para la vid varían en función de su intensidad y del propio estado vegetativo de la planta:

 

  • Heladas de otoño: Pueden causar mucho daño si se producen antes de la caída de la hoja.

 

  • Las heladas de invierno: Suelen ocurrir entre la época de la caída de la hoja y el primer desborre¹; pudiendo llegar a matar a la planta si son muy severas.

 

  • Heladas de primavera: Las más temidas y las más frecuentes. Afectan durante y después del desborre y producen daños importantes que pueden variar en función de la región y el año.


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¹Primera manifestación del crecimiento de la yema; cuando en primavera las yemas comienzan a hincharse, las escamas protectoras que las recubren se abren y la borra aparece al exterior.

 

Heladas de Otoño

Los órganos vegetales son dañados cuando la temperatura desciende de los -2,5 grados centígrados. Entonces las hojas se secan y caen; los sarmientos se agostan de manera torpe; y si la vendimia se ha retrasado, los pedicelos helados pueden provocar la caída de la uva.


 

En otoño, si la temperatura desciende a -3,5 grados el hollejo de la uva se seca, favoreciendo la aparición de la indeseada podredumbre gris.


 

Bajo estas circunstancias, aunque no se haya completado la madurez del fruto, conviene vendimiar lo antes posible después de las primeras heladas.


 

Heladas de Invierno

Cuando las temperaturas descienden de los -10 grados centígrados pueden dañar las yemas² y afectar a su vez a brazos y tronco. Si desciende a -20 grados, la vid puede llegar a detener su actividad biológica y morir.


 

En las regiones afectadas por los inviernos más severos la planta es enterrada en su totalidad durante toda la estación.

 

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²Brote sin desarrollar del sarmiento de la vid. Brote del sarmiento. El número de yemas productivas suele estar limitado en las Denominaciones de Origen.

 

Heladas de Primavera

Tienden a producirse cuando se acumula aire por debajo de los 0 grados al nivel del suelo, congelando cualquier atisbo de vapor que pueda haber en la superficie.
 

Los daños de una helada de primavera pueden ser enormes, llegando a destruir toda una cosecha.

 

Y es que el frío extremo puede matar los pámpanos y yemas que acaban de brotar; del mismo modo, las primeras inflorescencias se marchitan y se secan, impidiendo el desarrollo del fruto.


 

Métodos de prevención

En las regiones más propicias a padecer los estragos de las heladas primaverales existen tres métodos de protección comúnmente utilizados por los viticultores:

 

  • Se puede optar por colocar quemadores ante una inminente helada. El calor que generan estos quemadores crea movimientos en el aire que impiden que el frío se asiente y congele la base de la planta.

 

  • Los aspersores son otra alternativa para evitar los efectos de las heladas de primavera. A medida que se congela el agua, se libera algo de calor latente en el tejido de la vid que protege a yemas y pámpanos.

 

  • Las torres de ventilación (como las que se utilizan en Bodegas Torres) se activan cuando la temperatura alcanza los 0ºC, siempre y cuando la vid esté brotando, hecho que suele acontecer en abril. Las torres remueven el aire para que el frío no se acumule cerca del suelo y pueda congelar los primeros brotes tiernos.

 

Torre anti heladas instalada en los viñedos de Bodegas Torres.

 

Nuestra experiencia y nuestro conocimiento de la vid y su desarrollo, en ocasiones no basta para que una cosecha sea sana y productiva, en especial cuando la naturaleza se manifiesta en su indómita y más agreste versión.

 

No podemos evitar que la madre Tierra siga su curso y adolezca ocasionalmente de “catarros”. Pero sí está en nuestra mano poner freno a un método de desarrollo insostenible que está esquilmando los escasos recursos naturales del planeta.

 

 

Cuanto más cuidamos la tierra, mejor vino conseguimos.

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