Cada mañana en el Valle del Maule, el sol sale por la Cordillera de
los Andes, iniciando un ritual de unión con la tierra y con la viña.
Estos viñedos de secano situados en el interior de la cordillera costera,
conservan algunas de las vides de ‘Carignan’ más antiguas del mundo llegando
muchas de ellas a edades superiores a los 80 años. Esta variedad,
recuperada del olvido, es sin duda uno de los grandes tesoros de Chile.
Sus jugosos taninos ofrecen aromas de confitura (arándanos, grosellas), frutas, especias (clavo, pimienta), hoja de tabaco y maderas nobles. La crianza en barricas de roble nuevo, durante nueve meses, aporta fondos de vainilla dulce. El post-gusto es largo y evocador.