VARIEDADES ANCESTRALES

Patrimonio, legado e innovación

La quinta generación de la Familia Torres, representada por Miguel y Mireia Torres, ofreció, durante la pasada edición de Alimentaria, una cata inédita de vinificaciones elaboradas con variedades ancestrales.

 

Miguel y Mireia Torres, durante la cata de variedades ancestrales realizada la pasada edición de Alimentaria.

 

Vinos irremisiblemente singulares que subrayan la identidad y personalidad de la tierra que los ve [re] nacer. Variedades que conforman un patrimonio vinícola y cultural que precede a la tabula rasa, que fue la filoxera.

 

 

 

Innovar para Volver

Resulta paradójico el sendero transitado desde la más pionera investigación a la recuperación de un patrimonio tan nuestro como olvidado. Una suerte de innovar para volver. Y es que cada variedad identificada como ancestral es sometida a un largo proceso para su saneamiento y reproducción in vitro; reproducción en invernadero, adaptación al campo, microvinificaciones para determinar su potencial, y finalmente el registro en los organismos pertinentes.


 

Un proceso apasionante para reavivar un pasado que se nos antoja ahora de una urgente necesidad. Y todo desde un romanticismo y convicción que descansan en el conocimiento. Porque hay mucho de poesía e idealismo en un proceso que, tras treinta años comienza a tangibilizar sus frutos.

 

 

De las cerca de cincuenta variedades recuperadas a día de hoy, la Familia Torres ha centrado sus esfuerzos en cinco de ellas debido a su enorme potencial enológico y de adaptación a los nuevos retos que derivan del cambio climático.

 

 

 

Las variedades, los vinos….y la noticia.

Jardín ampelográfico en la finca de Mas Rabell (Penedès)

 

Las cinco variedades que responden a los criterios de aptitud y potencial son: forcada, pirene, gonfaus, moneu y querol, localizadas en diferentes lugares de la geografía catalana, y cultivadas de manera experimental en aquellas fincas de la Familia Torres que mejor expresan su potencial.

 

Variedades de testada singularidad que, sin embargo, son poseedores de ciertos atributos que todas ellas comparten:



 

Intensidad aromática, frescura acentuada y una elegante vivacidad. De excelsa acidez, presentan dotes de resistencia a las altas temperaturas y el estrés hídrico.

 

 

  • Moneu: Originaria del Penedès la variedad muestra en su primera añada 2017 una intensa macedonia de frutos negros, fresca, elegante y de buena acidez.

 

Racimo de la variedad moneu (cultivada en El Penedès central)

 

  • Pirene y Gonfaus: Procedentes ambas de Costers del Segre pero cultivadas a distintas altitudes. La pirene se aclimata en Tremp, en la finca de mayor altitud, por lo que concentra en su nariz una intensidad enorme, de rica fruta y sutil elegancia. Por contra, la gonfaus habita en la finca más árida, en les Garrigues. Sin embargo, la gonfaus es, para Mireia Torres, “la variedad más equilibrada de todas las que se han recuperado”. “Son vinos golosos, redondos y con muy buena acidez”

 

Racimos de la variedad pirene y gonfaus, ambas cultivadas en el pre-Pirineo.

 

  • Querol: Una de las primeras variedades ancestrales en ser rescatada de brazos del olvido e incluida en el cupage del prestigioso Grans Muralles 2010. Lleva el nombre de la población donde fue hallada, en el límite del Penedès. Plantada y aclimatada en la finca Muralles, de la DO Conca de Barberà, se trata de una variedad especialmente curiosa, ya que es de las pocas que se conocen que son femeninas, con unas bayas extremadamente pequeñas, lo que da lugar a vinos “con mucha fruta, buena evolución y taninos suaves y redondos”, comenta Mireia.

 

Racimo de la variedad querol (cultivada en La Conca de Barberà)

 

  • Forcada: Nuestros paladares dieron buena cuenta de la única variedad blanca vinificada que posee pleno sentido enológico. Cultivada en el Alt Penedès, es muy aromática y de diferencial acidez, favoreciendo un gran potencial evolutivo. De perfil fresco, destacan las notas cítricas y de flor blanca; y de su mano, un anuncio que por esperado no concitó una menor expectación:

 

Racimo de la variedad forcada (cultivada en El Penedès superior)

 

“Forcada 2015 será el primer vino monovarietal de una variedad ancestral que verá la luz en el mercado, esperamos que sea a finales de año y con una producción muy limitada”. Miguel Torres

 

Más allá de lo recurrente en una cata; la encarnación, la materialización y los resultados del proyecto de recuperación de variedades ancestrales quizás converjan en un punto de inflexión para una nueva manera de vivir y entender la viticultura.


 

Es necesario avanzar desde el conocimiento para recuperar un patrimonio del que puede depender nuestro futuro como elaboradores y viticultores. Y entendemos como un deber compartir lo conseguido, método e ideal de pensamiento, con todos aquellos colaboradores de la bodega que albergan en la intimidad de sus parcelas un tesoro patrimonial entre bastidores olvidado.

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